¿Un nuevo Olivares?
El catedrático de la UAM, Manuel Rivero Rodríguez, nos ha ofrecido en este año un libro sobre el famoso conde-duque de Olivares con el título de Olivares. Reforma y Revolución en España (1622-1643), editado por Arzalia Editores.
En principio, todo el mundo podía pensar que la biografía de Olivares por parte del excelso hispanista Elliot sería la definitiva, superando la visión clásica de Marañón sobre el valido. Pero en Historia, afortunadamente, nada es definitivo y se pueden encontrar facetas distintas, y realizar nuevas interpretaciones, algo que hace de la disciplina historiográfica una aventura fascinante, sin olvidar que las generaciones posteriores ven las cosas del pasado desde ángulos distintos porque, seguramente, tiene intereses diferentes. Así pues, les recomendamos, amables lectores, que destierren lo de “definitivo” en relación con la Historia.
Rivero se ha centrado en el estudio con nuevos ojos del proyecto de Olivares, superando, en principio, la idea del desastre, que impera cuando nos acercamos a la época, especialmente en relación con la crisis de 1640 que, por supuesto, fue una crisis monumental en la Monarquía Hispánica, y que demostró el camino del declive que luego en Westfalia-Münster y en la Paz de los Pirineos encontró su sanción exterior, pero que tenía hondas raíces internas.
Pero a Rivero, insistimos, le interesa el proyecto de Olivares. Para el valido más famoso de la Historia de España había que impulsar una especie de revolución moral, o, más bien de regeneración moral, si se quería recuperar el viejo proyecto imperial, pasando, previamente por una verdadera limpieza de las estructuras del poder en la corte. Olivares buscaba un cambio de mentalidades basado en una recuperación de los valores del estoicismo, de la frugalidad y del mérito, algo que chocaba, a nuestro juicio, con aspectos muy arraigados dentro de los estamentos privilegiados, especialmente en la nobleza, interesada, si se nos permite el atrevimiento en esta reseña, más en valores hedonistas.
Olivares apelaría al sentido del deber y de la responsabilidad de cada uno en un momento de fuertes desafíos a los que tenía que enfrentarse la Monarquía Hispánica.
Y esta idea de la responsabilidad afectaba de lleno a la relación entre el monarca y los reinos y estados que componían el conglomerado de dicha Monarquía Hispánica. Hasta el momento existía un vínculo de índole vertical, es decir, del soberano con cada uno de sus reinos, que no tenían entre sí casi ninguna relación o vinculación. Pues bien, Olivares buscó más otro tipo de vínculo, de naturaleza horizontal, es decir, de relaciones e intercambios entre los reinos para afrontar un reto común. Los reinos debían colaborar, hacer suyos unos mismos objetivos, aunque por supuesto, y eso es muy típico de los Austrias, sin tocar los fueros ni los organigramas institucionales de ningún reino, especialmente los de la Corona de Aragón. Rivero insiste mucho en ese aspecto, superando la idea tan extendida de que Olivares sí quiso hacer una ruptura y centralizar de forma autoritaria los distintos reinos, como luego sí harían los Borbones a partir de la Guerra de Sucesión.
En todo caso, Olivares no pudo coronar su proyecto porque, aunque no quisiera derribar los edificios jurídicos e institucionales de los distintos reinos, no logró que se pudieran establecer vínculos entre ellos, como hubiera pretendido con la Unión de Armas. Por fin, y este es un asunto que nos ha interesado mucho porque no lo teníamos muy controlado es la negativa de la Iglesia para ceder su papel sobre el control y la guía de los comportamientos de los individuos, negándose a que los eclesiásticos pasasen a ser plenamente súbditos de la Corona.
Así pues, animamos a la lectura de un libro que, además, está muy bien escrito y apasiona por lo novedoso y bien razonado que está.