Los socialistas y el salario mínimo de 1976
Los socialistas españoles denunciaron la política económica del gobierno declarada en los primeros meses de 1976, especialmente en relación con el salario mínimo aprobado.
Los socialistas españoles denunciaron la política económica del gobierno declarada en los primeros meses de 1976, especialmente en relación con el salario mínimo aprobado.
En la primavera de 1976 se discutió mucho sobre reforma o ruptura sindical en los tímidos inicios de la Transición.
De todos son conocidas las imágenes de las quemas públicas de libros en la Alemania nazi. Pues bien, también en nuestro país se hizo una quema pública de libros el día 30 de abril de 1939 en la Universidad Central de Madrid por iniciativa de la Falange. Se trató de un acto denominado “auto de fe”, como si tratara de un auto de fe del Santo Oficio comparando el juicio a los condenados que luego serían quemados con una quema de libros escritos por los supuestos enemigos de España.
Los socialistas españoles, como ya hemos estudiado en distintos trabajos, explicaron, especialmente durante los primeros decenios de la existencia del Partido Socialista, que la explotación de los trabajadores era semejante, cuando no peor, en las Repúblicas, dentro de su estrategia para demostrar que la cuestión social no dependía de los regímenes políticos imperantes sino de las condiciones económicas. Una de las consecuencias de esta argumentación debe vincularse con la estrategia del PSOE para que los trabajadores abandonasen la causa republicana del momento por considerar que los partidos republicanos podían ser avanzados o progresistas, en nuestra terminología actual, pero que, al fin y al cabo, eran burgueses, es decir, que no defendían los intereses proletarios. La emancipación de los obreros solamente podía venir de la mano de partidos de clase.
El socialismo español durante gran parte de su historia fue contrario al juego por ser un instrumento inmoral de la burguesía al convertirse en destino de la riqueza generada por la clase trabajadora.
¿Históricamente han podido ingresar los ciegos en la Masonería? Una pregunta parecida (“¿Son admitidos los ciegos en la masonería?”) fue hecha en el denominado Consultorio Masónico de la revista Latomia en su primer número de 1932, la que, sin lugar a dudas, ha sido una publicación fundamental en la Historia masónica española por su calidad.
Laura Lafargue y Eleonor Marx-Aveling publicaron en Social-Demokrat una carta, firmada el 14 de abril de 1886 (en París y Londres), para responder a Bismarck por las acusaciones que el canciller de hierro había realizado sobre Marx. El público lector español pudo leer la carta gracias a El Socialista. Recordemos que Social-Demokrat era en ese momento, después de una vida anterior como periódico de la Asociación General de Trabajadores, órgano de prensa de los socialdemócratas alemanes.
En este breve apunte mostramos un ejemplo de cómo el movimiento obrero de signo socialista se ponía en marcha en el pasado en solidaridad con los trabajadores que no podían trabajar por un lockout.
En el artículo de Rosa Añover, “La censura cinematográfica en el primer franquismo” (Historia 16, nº 213, 1994, págs. 12-18) se nos explican una serie de cuestiones relacionadas con los criterios de la censura franquista, aspecto fundamental para saber en qué se basaban los censores para hacer su trabajo. Queremos sacar algunas ideas de su lectura para compartirlas con los lectores de El Obrero.
El 31 de marzo de 1886 el diario liberal El Imparcial publicó un artículo titulado “El problema socialista”, que suscitó una reacción unos días después del recientemente aparecido El Socialista. En esta pieza recuperamos dicha polémica porque nos ofrece información harto sugerente sobre las distintas concepciones del auge del movimiento obrero a partir de la segunda mitad de la década de los años ochenta del siglo XIX.
A finales del año de 1923, Fernando de los Ríos reflexionaba con los lectores de El Socialista sobre la relación entre el interés general y los gobiernos socialistas.
Los pueblos eslavos de los Balcanes participaron activamente en el intenso desarrollo del nacionalismo en el siglo XIX. En esta zona de Europa el nacionalismo tenía dos importantes adversarios: el Imperio austriaco en el norte y el Imperio turco-otomano desde el sur. En 1830, Grecia obtuvo la independencia del Imperio otomano después de una intensa guerra, pero éste seguía extendiendo su influencia por casi todos los Balcanes. La mayor parte de los pueblos eslavos eran súbditos de Turquía, pero de un Imperio en franca decadencia. Los serbios fueron el pueblo más activo en la zona, fomentando frecuentes y sangrientos levantamientos contra los turcos. Además, intentaron asumir un papel protagonista en todo el mundo eslavo en las luchas nacionalistas de la zona.
En el salón grande de la madrileña Casa del Pueblo se reunió a finales de noviembre de 1923 la Sociedad de Ebanistas y Similares, celebrando dos reuniones o juntas.
En este artículo estudiamos una visión desde el socialismo de la “gauche divine” en marzo de 1974 (nº 18) desde las páginas de El Socialista. Será una visión muy crítica con la misma, pero que postulaba la necesidad de que se tuviera en cuenta.
Nos acercamos a la vida y obra de Germán Adrio Mañá, maestro y socialista gallego. Nuestro protagonista nació en Santa Baia de Arealonga (Vilagarcía de Arousa) en 1888. Fue maestro y director y propietario del Colegio X en Vilagarcía. Perteneció a la UGT y se afilió a la Agrupación Socialista local.
A falta de un estudio monográfico sobre la relación entre el socialismo español y la sanidad sí sabemos ya algunas cosas importantes, gracias a trabajos, y algunas modestas contribuciones nuestras en El Obrero.
El título del presente artículo alude a la política dual seguida por Bismarck, el canciller de hierro en materia social, adoptando unas pioneras reformas sociales, mientras combatía al SPD, la socialdemocracia alemana.
Al terminar la Gran Guerra la patronal en muchos países europeos pretendió que se anulase la jornada de ochos horas como medio para superar la crisis, provocando la reacción del movimiento obrero. En diversos artículos en El Obrero hemos estudiado algunos de estos casos. En el presente trabajo nos acercamos a la movilización de los obreros textiles alemanes a finales de 1922 sobre esta cuestión.
Antonio Fabra i Ribas publicó en Vida Socialista en febrero de 1910 un artículo escrito en París con el título “¿Pueden los trabajadores ser patriotas?”.
En las Revoluciones de 1830 ya se pueden detectar los principios democráticos, pero, sobre todo, estarán muy presentes en las barricadas de las Revoluciones de 1848, especialmente en Francia. Es evidente, que la democracia decimonónica nace del liberalismo, pero no cabe duda de que dichos principios terminaron por romper con el orden liberal que fue el que, y siempre en sus apreciaciones más conservadoras, terminaría por triunfar en la Europa occidental.
El Partido Socialista Obrero Español desarrolló desde sus inicios una nítida línea obrerista de enfrentamiento con lo que en el momento fueron denominados “partidos avanzados”, es decir los partidos republicanos, porque los socialistas consideraban que, independientemente de su progresismo, representaban a una parte de la burguesía, por lo que, bajo el principio de la lucha de clases se hacía inviable acercamiento alguno y, mucho menos, colaboración política y electoral. Cuando se alcanzó el sufragio universal se realizó un intenso esfuerzo para intentar demostrar a los trabajadores que no se encontrarían representados por los partidos republicanos, y que la única opción posible era la socialista. En todo caso, el PSOE no consiguió buenos resultados electorales, no sólo por esa competencia republicana, sino también por el desarrollado apoliticismo obrero español, y porque no debemos olvidar nunca que el sistema electoral del turnismo político era un entramado basado en el fraude de casi imposible destrucción por el momento.
En esta pieza realizaremos un repaso de la realidad interna de los principales Estados europeos en la época de la Restauración hasta el inicio de las oleadas revolucionarias, que van desde 1820 a 1848.
Joseph Proudhon se inició en la Masonería el 8 de julio de 1847 en la Logia Sincerité, Parfait Union et Constante Amitié Réunies (Sinceridad, Perfecta Unión y Constante Amistad”) del Oriente de Besançon (Proudhon era natural de esta ciudad). También es cierto que por otra fuente la fecha cambiaría; sería también un día 8 y de ese mismo año, pero del mes de enero. En todo caso, fue iniciado en 1847.
Las Cortes de Cádiz, además de la Constitución de 1812, y de proclamar la soberanía nacional, aprobaron una serie de disposiciones legales de carácter político, administrativo, económico y social que supusieron una ruptura total con las estructuras del Antiguo Régimen. Son menos conocidas que el texto constitucional, pero de profunda significación para el futuro.
Adolfo Zerboglio (Torino, 1866-Pisa, 1952) fue profesor universitario de derecho en Pisa, Urbino y Macerata. Realizó una intensa labor divulgativa sobre el derecho penal, la criminología y la sociología, dirigiendo, además, distintas publicaciones relacionadas con estos campos. Fue socialista y senador. Al principio simpatizó con el fascismo por su preocupación revolucionaria y hasta republicana, pero terminó alejándose del mismo cuando demostró su cariz hipernacionalista. Formó parte del grupo de senadores no afectos al régimen y llegó a firmar el manifiesto antifascista de Benedetto Croce. Al terminar el fascismo y la guerra fue nombrado miembro de la Consulta Nacional, es decir, de la asamblea legislativa provisional para que funcionara como parlamento hasta las elecciones de junio de 1946. En la primera legislatura republicana fue elegido senador.