Los socialistas: “progresivos y prácticos” (1915)
Javier Perdel, un socialista español del que no sabemos gran cosa, escribió un sugestivo artículo en el número del 13 de junio de 1915 de Acción Socialista sobre lo que consideraba eran los socialistas y sus ideas, y que no nos hemos resistido a glosar en este pieza. El título era el siguiente: “progresivos y prácticos”.
Perdel comenzaba de forma categórica al afirmar que cualquiera que fuera el valor práctico atribuido a las ideas socialistas no se podía negar una verdad: que los actos de los socialistas respiraban “todas las virtudes cívicas del progreso”.
Pero eso no ocurriría en otros universos. No se podía ver ente los elementos conservadores o reaccionarios. Las gentes dominadas por un cacique o personaje político, así como las más apegadas al culto religioso, solamente daban muestras de incultura y atraso. Perdel recordaba que los mundos de las tabernas, los toros y el matonismo eran amigos inseparables del fervor católico y de la sumisión política.
En relación con lo que en aquella época se denominaban “partidos avanzados” consideraba que sería injusto medirlos por el mismo rasero, pero veía en muchos de ellos una especie de “fanatismo idólatra” en la adhesión incondicional a determinados líderes, y también observaba intolerancia violenta hacia las creencias ajenas, aunque pudiera parecer excusable cuando se dirigía contra manifestaciones de ideas regresivas.
Y, por fin, le tocaba el turno a los anarquistas. En los mismos observaba parecidos defectos, aunque con apariencias distintas, como fruto, al fin y al cabo, de su supuesta fe ciega en las “catastrófica transformación social y de la observancia inconsciente de los antiguos procedimientos revolucionarios”, como resultado de lo que consideraba su indisciplina y “sentimentalismo” característicos.
Así pues, en consecuencia, para Perdel, en ninguna de las esferas sociales, políticas y religiosas se encontraban las virtudes que se ofrecían en las filas socialistas: cultura, “concepto equitativo de la libertad”, tolerancia, prácticas democráticas, altruismo, en fin, cuanto demostraba una plena conciencia de una “misión progresiva y redentora”, una enorme confianza en las virtudes de las doctrinas defendidas y en el triunfo. De ese modo era imposible que se pudiera pensar que los socialistas perseguían una finalidad antisocial. Si la condición moral y económica de los hombres era susceptible de mejora, la felicidad a la que aspiraban los socialistas no podía estar fuera de su alcance.
Todo un canto a favor del socialismo, como vemos.