Pablo Iglesias, para Julio Gómez de Fabián

Historia

En los últimos tiempos estamos acudiendo con cierta frecuencia a los textos de Julio Gómez de Fabián. Hoy queremos compartir con los lectores un nuevo texto del autor, publicado en el número del 31 de julio de 1910 en Vida Socialista sobre Pablo Iglesias, realmente un elogio del mismo.


 

El texto:

“Venciendo El nombre de Pablo Iglesias ha recorrido en triunfo la nación española y el mundo civilizado. De boca en boca y do ciudad en ciudad, en alas de la Fama, como compendio de una historia magnífica de austeridad, de virtud cívica, de fuerte voluntad, de virilidad apostólica, ha ido este nom b r e borrando dudas, despertando simpatías, creando prosélitos, arrancando palabras de admiración entusiástica. Al oirlo, han temblado los perversos y han sentido un gozo cordial los buenos. La pobre patria española- afirma su anhelo de redención, y la esperanza torna á florecer espléndida y rosada en su corazón inmenso; el mundo vuelve á nosotros los ojos fraternales, y en sus miradas ya no hay desprecio, ya no hay befa.

El humilde tipógrafo de ayer hase hecho una de las más grandes figuras de la Humanidad. La siembra de ideas realizada por él durante veinte años de ferviente apostolado, de infinitas penalidades y persecuciones crueles, ha germinado en flores que son muchedumbres, y el erial de ayer es ahora campo feraz de que hade provenir el bien y la prosperidad de este pedazo de mundo tan sin ventura hoy.

Pablo Iglesias, puesto en pie, con el gesto austero y grave de su rostro de hombre bueno, hablando el idioma del pueblo, arrojando sobre las cabezas odiosas de Maura y sus secuaces las culpas y los crímenes tremendos que perpetraron; con el diestro brazo en ademán severo y terrible, es tan grande como Júpiter fulminando los rayos de su cólera divina, como el Dios del Sinaí á quien la tempestad acompaña…

Dígalo ni no Maura, dígalo La Cierva, díganlo cuantos pusieron las manos homicidas en el mártir… Y es tan grande Pablo Iglesias, que hasta sus propios adversarios—los adversarios de l a libertad — volviéronse airados contra el imbécil aquel que osó calumniarlo en pleno Parlamento; que los periódicos católicos, enemigos cordiales suyos, no se atreven á negar sus virtudes y méritos…

El hombre bueno se hizo apóstol y creó un partido serio, disciplinado, verdadero y definido. Pero el apóstol debía llevar á los suyos á la victoria, y calzando el fuerte coturno de la lucha, empuñó las armas, hizo sonar el clarín y lanzóse á la pelea. El apóstol es ahora caudillo victorioso. El triunfo definitivo del Partido Socialista no se hará esperar. Lo garantiza el nombre de su jefe.”

Este sitio utiliza cookies. Al seguir navegando entiendo que aceptas mi política de cookies.
Más información Entendido