El triunfo laborista de 1929 según Saborit

Historia

La victoria de los laboristas en 1929 suscitó muchos comentarios, análisis e interpretaciones desde el socialismo español, tan pendiente de lo que ocurría en el Reino Unido en los años veinte por el progreso del laborismo, considerado una alternativa para la transformación frente al comunismo. Andrés Saborit, por su parte, también aportó su visión, y lo hizo en el Almanaque de El Socialista para el año 1930.

 

Saborit consideraba que las elecciones inglesas había sido el gran acontecimiento del año 1929. Reconocía que los socialistas españoles habían pensado en una fuerte subida de los laboristas, pero no habían previsto el empujón que habían dado a los dos partidos tradicionales de la política británica.

Pero si se reflexionaba un poco afirmaba que dicho triunfo había sido fruto de una especie de lógica basada en la madurez, la capacitación, el acierto, el esfuerzo reflexivo, el sentido de la seriedad y de la tendencia ponderada del proletariado británico. Había sido una victoria que no tenía nada de artificioso. No se habían hecho concesiones al radicalismo burgués, al que calificaba de “huero y escandaloso, vacío y exhausto de ideología propia”, pero tampoco se habían realizado halagos a la masa, en una suerte de disputa demagógica con los comunistas. Saborit consideraba que los partidos socialistas que habían sufrido menos la crisis comunista habían sido lo que menos concesiones habían hecho a las “ilusiones comunistas, a la bullanga de ciertos líderes averiados, ansiosos de rehabilitaciones a costa de un exceso de populachería, dañosa casi siempre a la organización obrera y siempre al fondo austero y profundo de la doctrina”.

El laborismo habría vencido en las urnas también porque había sabido organizar a las mujeres, conquistando para ellas el derecho electoral. Saborit no consideraba que su incorporación a las urnas hubiera sido un retroceso sino un avance “colosal”. Pero también había vencido porque había sabido organizar a los obreros desde el punto de vista cooperativo y mutualista, con sentido de clase, con una orientación política propia, sin mezclarse con las aspiraciones burguesas. Y había vencido porque la organización obrera en bloque hacía política, porque no existía la neutralidad sindical, porque tenía una gran pasión por gobernar con un programa, unos ideales y una conducta.

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