La importancia de las asambleas obreras y la capacitación de los trabajadores

Historia

Isidro Rodríguez Mendieta (1913-1977) fue periodista y miembro de las Juventudes Socialistas en 1929, donde llegó a ser vicepresidente de la Federación Provincial. También ingresó en la Agrupación Socialista de Madrid desde 1930. Fue redactor de distintos periódicos obreros, y perteneció a la Asociación de la Prensa de Madrid durante toda la década de los años treinta. En la Guerra ingresaría en el PCE, y estuvo en la Comisión Ejecutiva de las Juventudes Socialistas Unificadas. Salió en el Stanbrook rumbo a Orán, aunque después se exiliaría en la URSS. Allí trabajó en Radio Moscú y estuvo de corrector de estilo en Bucarest en la edición en castellano del órgano del Buró de Información de los Partidos Comunistas y Obreros. Después trabajaría de traductor en Moscú durante los años cincuenta. En dicha ciudad fallecería.

 

Pues bien, en el Almanaque de El Socialista para el año 1933 realizó una serie reflexiones valorando la importancia de las asambleas obreras, así como la formación de los trabajadores, y que queremos glosar en esta pieza.

Para Mendieta las asambleas obreras era una de las funciones más importantes de toda organización sindical. Y lo eran porque en las mismas se pulsaba día a día la capacitación de los militantes, y su preparación para discernir sobre los problemas planteados a los trabajadores. Pero también era cierto que los obreros no concedían mucha importancia a esta actuación sindical. Mendieta afirmaba que en el año que terminaba había asistido a numerosas asambleas obreras, donde había visto tanto el entusiasmo desbordado como la reflexión serena. Había sacado la impresión, en consecuencia, que el movimiento obrero avanzaba. Eso era muy positivo, a su entender, pero también habría constatado que mientras el movimiento sindical aumentaba numéricamente, la capacitación de sus integrantes no guardaba relación con ese aumento. De nada servía contar con “grandes legiones obreras” si no estaban convenientemente preparadas para una actuación eficaz.

El objetivo estaba claro, la formación de los militantes, un asunto fundamental para las organizaciones. Mientras la clase trabajadora no tuviera la cultura suficiente para abordar y resolver con pleno conocimiento de los distintos factores que concurrían en cada situación, las numerosas cuestiones que cada día se planteaban, la eficacia del movimiento obrero quedaba muy reducida.

La proclamación de la República provocó que llegaran a las organizaciones obreras muchas personas faltas de preparación, movidas más por el sentimiento que por la reflexión. Los nuevos militantes necesitaban formarse en la disciplina obrera y en sus principios si querían ser útiles a la causa del proletariado. Las asambleas obreras eran como los comicios en los que el proletariado estructuraba lentamente, pero con seguridad, una nueva sociedad. En las asambleas se ponían día a día los “pivotes” sobre los que se debía alzar la nueva sociedad socialista. Por eso, era tan importante la capacitación.

Sobre Mendieta se puede acudir al Diccionario Biográfico del Socialismo Español.