Un matrimonio de librepensadores en Prado del Rey (1908)

Historia

En este apunte referimos la crónica de un matrimonio entre librepensadores, que tuvo lugar el 22 de mayo de 1908 en la localidad gaditana de Prado del Rey. Poco a poco vamos conociendo los entierros civiles, los problemas que suscitaban y el empeño de los librepensadores, y de socialistas y anarquistas por celebrarlos. Es hora de que también conozcamos los matrimonios civiles. Este sería un ejemplo. No dejaremos de plasmar más.

 

La crónica fue firmada por Francisco Menacho para Las Dominicales del Libre Pensamiento, en su número del 12 de junio de 1908, y con el significativo título de “Gran Fiesta Librepensadora”.

Se casaron Juan Gómez Moreno y Rosario Ortega Aguilar. El cronista explicaba que a pesar de “los hipócritas manejos de estúpidas beatas y aduladores viles” el acto había sido admirable con más de cien invitados. El salón del juzgado se había visto completamente abarrotado. En lugar de honor estuvieron las “más bellas librepensadoras” (nunca dejaremos de insistir en que aún en estos medios tan progresistas se mantuvo durante mucho tiempo esa especie de condescendencia masculina inveterada). El acto fue presidido por el juez.

Fueron padrinos del “matrimonio librepensador” Ildefonso Velázquez Tamayo y su esposa María Gómez Moreno. Los testigos fueron los siguientes: Manuel López Fernández y el autor de la crónica. Al parecer, las mujeres dieron las gracias al juez y al secretario al terminar la ceremonia civil, es decir, Fernando Holgado y Fernando Pérez, “por la atención y consideraciones con que fuimos tratados”. Acto seguido el matrimonio y los invitados se dirigieron al domicilio del primero donde se organizó un baile “al estilo andaluz”, con bebidas. El acto en sí tuvo un carácter en favor del librepensamiento y el republicanismo porque estuvieron presente el presidente del partido republicano (imaginamos que de la zona o de la localidad), Juan Lobo, y el del gremio de agricultores, Andrés Villalva y la Junta directiva del mismo, así como una nutrida representación de librepensadores: Gregorio Rete, José Río, Antonio Aguilar, José Villalva, Diego Román, etc.

Menacho aprovechaba la crónica para recordar a los “republicanos ojalateros” que si no querían que se les calificase de charlatanes debían imitar estos ejemplos, volviendo “la espalda a la religión de la tiranía, y realizando todos sus actos civilmente”, porque de “de esa suerte resplandecerá la luz de la verdad”.

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