Un llamamiento de María Cambrils por la organización femenina en clave socialista en 1924
Sin lugar a dudas, la gran feminista socialista española de los años veinte fue María Cambrils, a la que hemos dedicado mucha atención en estas páginas y en otros lugares. En El Socialista publicó de forma muy asidua sobre esta materia. Precisamente, en el número del 28 de junio de 1924, sacó una columna en favor de la organización femenina, que cien años después queremos recordar.
Cambrils consideraba que mientras las mujeres se movilizaban en todo el mundo por sus objetivos las mujeres españolas nada hacían por luchar por la emancipación, en una suerte de conformismo. No se estaba haciendo nada para sustraerse del estado injusto de inferioridad que colocaban las leyes y los prejuicios a las mujeres, “normas reglamentales” en un “desequilibrado medio social”.
Cambrils abogaba por la organización para recabar por medio de la acción conjunta el reconocimiento de todos aquellos derechos que no se disfrutaban. Había que convencerse de que vegetando no se conseguía más que contribuir a perpetuar el ignominioso estado de esclavitud doméstica. La emancipación no llegaría esperando “junto al fogón”. Eso era “una estupidez o una cobardía censurable”. Ni la Iglesia ni la “democracia burguesa”, ni ningún Estado constituido “a base de predominio capitalista” por liberador que se ofreciese, nunca reconocerían la identidad de derechos ni la igualdad de condiciones legales.
Cambrils abogaba porque las mujeres que pensaban en liberal, en alusión seguramente de las feministas liberales, pensaran como las mujeres que estaban de acuerdo con las doctrinas socialistas y el criterio de Bebel, para que no fueran posibles los exabruptos que un “hombre público”, “primate republicano” había lanzado contra la escritora María Marín.
La libertad y la emancipación económica de todos los esclavizados por la prepotencia capitalista, así como el reconocimiento de los derechos que se negaban a la mujer solamente podían venir de los medios socialistas, cuya política de justicia y redención caminaba recta y velozmente a través de los obstáculos tradicionales, destruyendo las barreras construidas por el “politicismo profesional y las finanzas esquilmadoras” para esquivar las acometidas de la razón.
Los derechos incuestionables de la mujer solamente serían reconocidos por los Estados socialistas del porvenir, que ya se iniciaban en las naciones más poderosas del mundo a pesar “de todos los políticos flordelisados, de gorro frigio y camisa negra”, es decir, estaban criticando tanto a las democracias clásicas, monarquías y repúblicas, como al naciente estado fascista. Para conseguir la justicia social las mujeres debían cooperar reforzando las Agrupaciones Femeninas Socialistas ya constituidas y organizándolas donde no estuvieren.