Los orígenes del pensamiento corporativista
En los anteriores artículos que hemos publicado en Historalia hemos estudiado a un conjunto de pensadores alemanes y acerca del Estado orgánico. Nuestro fin era aportar materiales para entender el corporativismo, que iremos desgranando en otras piezas futuras.
El romanticismo alemán no sólo estableció un tipo de nacionalismo de naturaleza esencialista sino también una idea del Estado contraria a la que las revoluciones liberales estaban poniendo en marcha. El Estado liberal se basaría en la soberanía nacional, en la importancia del individuo y de sus derechos, que deberían ser reconocidos y garantizados por el Estado a través de los textos constitucionales. Además, esas Constituciones surgirían de un ejercicio de voluntad de los ciudadanos representados en asambleas o parlamentos. Las Constituciones, por lo demás, organizarían el Estado, sus instituciones, y las relaciones entre ellos y con los ciudadanos. Pero el romanticismo alemán apelaba a la historia y la tradición como conformadoras de una especie de constitución interna que estaría por encima de los individuos y que, ciertamente evolucionaría en el tiempo, pero que no podría ser abolida y cambiada por una Constitución realizada por los hombres en un momento histórico determinado.
La evolución de la constitución interna tendría que ver con el concepto orgánico, es decir, que se daría de forma interna, de forma inconsciente, sin actos de voluntad, insistimos.
Por fin, la organización social no se basaría en la idea de un conjunto de individuos que, en todo caso, se dividirían en función de su posición económica, sino en el mantenimiento y perfeccionamiento de los estamentos y en la jerarquía de los mismos y dentro de ellos también. Si el individuo lo es todo en el Estado liberal, en el Estado de los románticos alemanes, en el Estado orgánico, el individuo está subordinado a la jerarquía social.
Este pensamiento supuso la reacción de los estamentos privilegiados frente al creciente y potente liberalismo, y terminó constituyendo una fuente clara de inspiración para el corporativismo que se irá configurando en el siglo XIX apareciendo con fuerza en los sectores reaccionarios del siglo XX.