Ergía o la diosa pereza
Los griegos todo lo llevaban a la alegoría. Pues bien, la pereza también. Para ello instituyeron a Ergía, una divinidad, hija del Sueño y de la Noche, que habitaba en la cueva donde dormitaba precisamente Hipnos, el Sueño, junto con Otia o la Quietud y Silentia o el Silencio.
El problema comenzó cuando la Pereza, es decir, Ergía hizo oídos a las lisonjas de Hefestos, el Vulcano romano, y por eso fue transformada en galápago. Al parecer, tanto los galápagos o las tortugas, como los caracoles se asocian a esta divinidad perezosa, a causa de la lentitud de su marcha. Ergía se representaba de distintas formas. En algunos casos era una joven sentada en medio de ruecas y otros instrumentos de trabajo con aire moroso y abatido, la cabeza inclinada y los brazos cruzados, y hasta rodeada de telas de araña. En otras ocasiones aparecía como una mujer despeinada y mal vestida, acostada en el suelo y con la cabeza apoyada en una mano y en la otra portando un reloj de arena tumbado para expresar el tiempo perdido.
Fuentes: Diccionario enciclopédico de la masonería con un suplemento, seguido de la historia general de la Orden Masónica desde los tiempos más remotos hasta la época actual: obra especial y única en su género para el conocimiento de los orígenes, naturaleza, símbolos, prácticas y fines de la masonería (..). completado con un taller general de la francmasonería (...)/ escrito y ordenado por Lorenzo Frau Abrines; y publicado bajo de dirección de Rosendo Arús y Arderiu.