Aunque somos firmes partidarios de una reforma profunda en el sistema de oposiciones para profesores de Secundaria en nuestro país, también queremos aportar, aunque sea de forma modesta, la experiencia personal como opositor y como responsable en oposiciones de Geografía e Historia por si se puede ser útil.

 

La primera idea que tenemos que destacar como fundamental es la de que no existen atajos para aprobar; se necesitan lecturas, estudio, reflexión, planificación y tiempo. Siempre he creído que conviene prepararse los temas de forma personal, aunque puedan servirnos de guía los que podemos encontrar de amistades, preparadores, academias o temarios publicados. Pero la única forma de aprender de forma significativa y de asentar los conocimientos fundamentales radica en la elaboración propia, además de que este sistema ofrece originalidad, algo que es siempre muy valorado a la hora de corregir un tema o una práctica. En este sentido, conviene, claro está, combinar ese estudio y esa elaboración personal con el factor tiempo, es decir, debemos ser operativos o prácticos, y no preparar y elaborar temas excesivamente largos porque, además, tampoco tendremos oportunidad de abordarlos en el limitado tiempo que se suele establecer para la realización de las pruebas. Sin dejarse lo esencial, es mejor abordar lo fundamental. La elaboración de un tema o la contestación de una práctica también exige una madurez en la redacción, en la exposición, en el manejo de conceptos, en el planteamiento de causas y efectos, y en la coherente explicación de procesos. Realmente, siempre he creído que es preferible dejarse algo en el tintero, pero que todo esté bien escrito y planteado, que elaborar textos inentendibles, desordenados, confusos, donde se note que no se manejan los conceptos y los términos, pero que intenten abordarlo todo en una suerte de carrera contra el tiempo.

Llegados a este punto, ¿es bueno o no tener un preparador? Pues, sí y no. Es bueno contar con un preparador disciplinado, que nos dedique atención, que marque ritmos, que ofrezca pruebas y ejemplos, y pueda, además, guiarnos. Pero creo que debo insistir en que la preparación de una oposición es un proceso personal, y como hemos estudiado una carrera o un grado, ya debemos contar con instrumentos para saber cómo abordar un tema o una práctica porque hemos tenido que preparar y redactar trabajos de todo tipo en la Universidad. Además, debemos huir de las recetas que, en muchas ocasiones, preparadores y academias nos ofrecen, y que se leen en los temas y los comentarios del ejercicio práctico, uno tras otro.

Para elaborar temas y ensayar ejercicios prácticos contamos con muchos materiales de enorme calidad, fácilmente abordables, y que no nos ofrecen planteamientos excesivamente prolijos. Es más, en ocasiones, los manuales de Bachillerato y los libros que recogen pruebas de la PAU, pueden ser unos excelentes aliados, aunque no en todos los temas y prácticas, y no exclusivamente. Siempre hay que saber combinar, rigor con economía de tiempo, como ya he planteado anteriormente. Acopiados los materiales, redactamos el tema, estudiamos y maduramos lo aprendido.

Es cierto que el práctico es la parte más difícil de todo el proceso selectivo porque no sabemos a lo que nos vamos a enfrentar y, además, constituye una parte fundamental de la Primera Prueba, donde nos jugamos mucho. Pero practicar muchos comentarios de arte, de texto y ejercicios geográficos no sólo nos permite intentar aproximarnos a la gran heterogeneidad y riqueza de materiales que ofrecen nuestras disciplinas sino, sobre todo, nos hace adquirir destrezas fundamentales para, en caso de encontrarnos algo que no dominamos, sacar provecho y no dejar la práctica en blanco o escribir incoherencias. En ese práctico debemos, a mi entender, identificar bien el texto, la obra de arte o el fenómeno geográfico, con una buena descripción, no muy extensa, pero sí rigurosa, para luego realizar el análisis y el comentario. Pero para eso, no lo dudemos, necesitamos contar con conocimientos asentados en Historia, Arte y Geografía. A lo mejor no acertamos de pleno, pero, sin convertir la práctica en un pretexto para contar algo que sí sabemos pero que tiene, en el mejor de los casos, una relación muy tangencial con lo propuesto, podemos salvar un ejercicio demostrando al tribunal que dominamos aspectos de ese texto, de ese mapa o de esa obra de arte, y de las épocas, autores, o fenómenos que se nos plantean. Puede que nuestra nota en el práctico no sea muy brillante, pero sí lo suficiente para que nos permita sumar con la del tema y pasar a la siguiente fase, porque, eso sí, no tenemos excusa alguna para no hacer un buen tema. Son muchos, ciertamente, pero sabemos cuáles son y debemos prepararlos y estudiarlos todos. Nunca he sido partidario de los cálculos de probabilidades. Suerte puede haber, pero no creo que ese sea un criterio muy inteligente para abordar una oposición con éxito.

En los temas conviene plantear un esquema previo, no muy prolijo, y seguirlo. La introducción debe abordarse como una especie de enmarque del tema, no para relatar el índice, pecando de redundantes. En materia de bibliografía no es fundamental poner muchas obras, pero sí que tengan que ver con el tema y, sí podemos, comentarlas o plantearlas en la misma redacción. Las citas son buenas, pero sin exceso. Existen temas donde se cita constantemente y, en muchas ocasiones, de forma gratuita, rozando la pedantería, además, de que eso no demuestra, en realidad, que se domine un tema. Si somos capaces de abordar estados de la cuestión podemos convertir nuestro tema en un ejercicio muy brillante, pero tampoco debemos obsesionarnos con eso porque es muy difícil abordar esta cuestión con un temario tan extenso. En una oposición hay una especie de relación dialéctica entre el estudio y el tiempo, siendo casi el “leitmotiv” de este artículo. Si sabemos encontrar la síntesis entre ambos contaremos con bazas para alcanzar, seguramente, el éxito.

Si hemos conseguido pasar a la segunda fase debemos plantear una programación ajustada a la legislación vigente. Ciertamente, se suelen presentar programaciones estéticamente muy conseguidas, pero no debemos, a mi entender, gastar tiempo, esfuerzo y dinero en eso. Lo importante siempre es el contenido, y cuidar su estructura sin contradicciones porque como hay que abordar muchos aspectos podemos cometer incoherencias. La originalidad es una baza importante, pero debemos entender que vamos a ser profesores dentro de un sistema educativo establecido por una normativa estatal y autonómica. Encontrar el equilibrio para ser un profesor estimulante y original dentro de un marco legal determinado es uno de los objetivos más difíciles de conseguir para alguien que quiera ser un buen docente. En realidad, eso termina aprendiéndose, y no siempre, a lo largo de una carrera profesional de muchos años. Pero ya ante un tribunal podemos ofrecer atisbos de que, ajustándonos a lo que establece la ley, pretendemos ser originales y demostrar un cierto espíritu de vocación docente, dentro de la función pública.

Vamos a hablar delante de un tribunal y eso intimida, sin lugar a dudas. Por eso hay que ensayar para ajustar tiempos, exponer con coherencia, sin atropellos, con claridad y de forma amena. Un profesor debe saber manejarse ante otras personas, y no sólo ante alumnos, sino también con compañeros, equipos directivos, otros miembros de la Administración, etc. Razonables son los nervios en una exposición y ante un debate con los miembros del tribunal, pero eso debe superarse porque forma parte de la propia oposición y de nuestra profesión. No es una cuestión secundaria.

Otra combinación compleja de difícil consecución en esta fase se refiere a plantear en la programación y en las unidades didácticas nuestro evidente entusiasmo por participar en los procesos de aprendizaje de los que serán nuestros alumnos con la realidad, la compleja y, sin lugar a dudas, dura realidad de nuestra profesión, donde influye un sinfín de factores y muchos de ellos contrarios a lo que pretendemos. En mi opinión, debemos ofrecer ese entusiasmo, pero siempre, como se suele decir, con los pies en el suelo. Esto lo tienen más fácil los que ya han trabajado en la docencia como interinos.

No es sencillo abordar unas oposiciones, pero se pueden superar. Y debemos comenzar con leernos e interiorizar todo lo que las convocatorias y resoluciones nos dicen, las instrucciones, los plazos, los criterios de valoración, el formato que deben tener las programaciones y unidades didácticas, lo que se puede hacer y lo que no se puede hacer en los ejercicios, etc. Todo esto puede parecer que sobra en un artículo sobre cómo enfrentarse a unas oposiciones, pero la experiencia me ha confirmado que es algo sobre lo que hay que insistir. Por fin, cuidemos nuestro lenguaje en las partes escritas de nuestros ejercicios. Aunque pueda parecer algo duro expresarlo, hay muchas faltas de ortografía, constituyendo criterios claramente objetivos que pueden hacernos obtener calificaciones extremadamente bajas.

En todo caso, para terminar, y como vengo insistiendo, debemos sentarnos y pensar en cómo nos vamos a organizar para estudiar tanto y tantas cosas, y cómo hacerlo en el tiempo limitado del que todos disponemos. Seguramente, existen muchos factores que no podemos controlar, pero estudiar sistemáticamente y ser prácticos parecen factores claves para superar este proceso.