Francisco Madero y la revolución mexicana
La revolución política en México comenzó gracias a la iniciativa de Francisco Madero, que había desarrollado su carrera política desde el Estado de Coahuila. Su pensamiento se condensaba en la idea de que el régimen político imperante era el causante de los problemas de México. Su grupo, el Partido Nacional Antirreeleccionista, se convirtió en el vehículo para la expresión del descontento de las clases medias.
Madero fue detenido acusado de instigar a la rebelión en San Luis de Potosí después de unas elecciones en las que ganó Porfirio Díaz, pero consiguió huir a Texas, donde dio a conocer el Plan de San Luis, un manifiesto donde denunciaba las elecciones y los abusos de la dictadura, insistiendo en el principio de la no reelección, además de buscar el apoyo campesino al considerar la necesidad de revisar la legislación sobre los terrenos baldíos. El Plan fue un revulsivo porque, aunque el Gobierno reprimió cualquier movimiento en el mundo urbano, el campo era más complicado de controlar y los campesinos se levantaron en muchos Estados con distintos líderes, siendo uno de ellos Emiliano Zapata desde Morelos, Estos líderes reconocieron a Madero como la cabeza del movimiento menos Flores Magón, personaje clave como precursor de la Revolución ya desde 1906 con su propuesta de una verdadera revolución social, siendo ésta la causa de no querer apoyar a Madero porque consideraba que defendía exclusivamente un cambio político de signo burgués, frente a su proyecto de abolición del Estado y de la propiedad privada. En todo caso, terminaría por simpatizar con la lucha social de los campesinos de Morelos.
Entre noviembre de 1910 y mayo de 1911 el régimen diseñado por Porfirio Díaz se vino abajo por la lucha de tantos grupos, el desgaste y, sin lugar a dudas, por las tensiones internas, sin olvidar la pésima forma de dirigir el ejército encargado de reprimir a las guerrillas, especialmente las de Villa y Zapata. Ante el fracaso gubernamental, los peones en el campo y los obreros en las ciudades se unieron a la revolución.
La presión contra Díaz y contra la capital, donde se sucedieron, por otro lado, importantes manifestaciones, posibilitó que el dictador firmase el Tratado de Ciudad Juárez el 21 de mayo de 1911, que suponía su renuncia y exilio, pero también que Madero dimitiese en favor de un gobierno provisional con la finalidad de convocar elecciones, ya que, deseaba acceder al poder de forma democrática. El gobierno provisional fue encabezado por Francisco León de la Barra que decretó la amnistía y la licencia de las fuerzas revolucionarias, pero estas decisiones generaron un evidente malestar de las mismas, que se negaban a dejar las armas, además de multiplicarse las huelgas y las ocupaciones de tierras. A su vez, Zapata presionaba para que se cumpliese el capítulo social del Plan de San Luis relativo a las tierras. Todos estos conflictos precipitaron que las elecciones se adelantasen. Madero al frente del Partido Constitucional Progresista venció en octubre.
Pero la situación no se estabilizó porque era muy complicado concitar los intereses de los distintos sectores revolucionarios, además de que la estructura administrativa y de poder porfirista seguía intacta, comenzando la presión de grupos reaccionarios que pretendían restaurar el orden derribado. Madero puso en marcha la restitución de la tierra a los campesinos despojados, pero los más radicales proponían una amplia política de expropiaciones de latifundios. Por su parte, en la minería y la industria se multiplicaron las huelgas. En todo caso, el nuevo gobierno emprendió una nueva política social con reducción de la jornada laboral, una ley de accidentes de trabajo, ampliación de la atención sanitaria, etc., sin olvidar que, en parte, consiguió enderezar la economía.