Honrar la memoria
En relación con el décimo aniversario de la muerte de Jaurès, que siempre motivó a los socialistas europeos a recordar su magisterio y su ejemplo, el socialista español Regino González le rindió tributo en una columna publicada en el número del 26 de julio de 1924 en El Socialista.
No es el objeto de este apunte de opinión tratar del insigne socialista francés asesinado por un representante del patriotismo más exacerbado, sino comentar algunas de las aportaciones del autor del escrito sobre cómo honrar la memoria de personajes destacados, una cuestión que siempre nos ha motivado mucho.
Habría distintas formas de honrar la memoria de los que ya no están. Pero entre todas existirían dos esenciales, siempre según González. Una sería la veneración de su imagen y otra el conocimiento de las obras y práctica de las teorías y concepciones que el desaparecido habría dejado dichas o escritas.
La primera, si era llevada hasta la exageración, tenía algo de fetichismo propio de las religiones monoteístas y politeístas.
La segunda, en cambio, parecía la mejor forma de honrar una memoria porque de ese modo nunca desaparecía de entre nosotros, puesto que lo fundamental lo llevaríamos nosotros y, en cierta medida, formaría parte de nosotros mismos, de “nuestro ser y pensar”.
Regino González decía y lo decía en 1924, que el culto a la imagen tenía algo del culto que practicaban muchos hombres “sedicentes de ciencia”, que colocaban en un marco y colgado en la pared de su casa un título donde se le autorizaba a poseer una cantidad X de ciencia, pero que, en muchos casos, quien la poseía no era el individuo en si sino el propio título que, al ser colgado en la pared, dejaba al titulado completamente limpio de lo que creía poseer.
Lo interesante de un personaje que ya no está no era su aspecto físico, su imagen, sino la obra que realizó y que le llevaría a la inmortalidad.
El mérito no estaría en sus títulos o figura, sino en su obra. Lo que hizo inmortales a Voltaire y a Cervantes no fue ni la nariz del primero ni que fuera manco el segundo, sino sus obras. Eso parece que lo entendemos hoy en día, pero, ¿en realidad, honramos la memoria de personajes que, en principio nos atraen más allá de las imágenes que se conservan de ellos, precisamente en nuestro tiempo repleto de las mismas?, ¿nos acercamos, realmente, a su obra?
Este servidor lleva ya unos cuantos años conjugando su pasión por la historia y por aportar materiales sugerentes para la reflexión, con un ejercicio modesto pero sincero de homenaje de la memoria de muchos personajes ya desaparecidos hace muchos años que cree son importantes de verdad por lo que aportaron con sus pensamientos, escritos y acciones. Precisamente, Jaurès es uno de ellos por su compromiso político y su lucha infatigable contra la violencia y la guerra, pero también un personaje menos conocido, Regino González, que tanto hizo por el cooperativismo en nuestro país.