Anarco-Comunismo
El anarco-comunismo defendido por Kropotkin, Élisée Reclus o Paul Brousse, entre otros, plantea que no sólo hay que colectivizar los instrumentos de trabajo, el capital y la tierra, como decía Bakunin, sino, también los productos.
El argumento se basaría en que en una economía industrial era imposible determinar la parte de trabajo incorporada por cada trabajador. Así pues, la riqueza resultante pertenecería a todos. Como vemos, el anarco-comunismo está más vinculado a la economía industrial frente al mundo rural más defendido y querido por Bakunin.
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