Una reflexión mexicana sobre el secreto en Masonería desde el siglo XIX

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Desde siempre el secreto ha sido un caballo de batalla contra la Masonería al considerar que era una clave de su supuesta actividad conspirativa contra la religión y el Estado. Pero también es cierto que muchos masones han contestado a esta crítica a lo largo de los siglos XIX y XX. Queremos recoger una de estas aportaciones. Se trata de la opinión de Emilio G. Cantón, un destacado masón mexicano de la época del Porfiriato.

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El programa electoral de los librepensadores belgas en 1894

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Para las elecciones legislativas los librepensadores belgas se pusieron de acuerdo en el Congreso que celebraron en Bruselas el 12 de septiembre de 1894 para aprobar un programa electoral que ofrecían a los concurrentes de las mismas, decidiendo que apoyarían a los candidatos que lo aceptasen. En esta pieza recogemos dicho programa por el interés en ofrecer materiales sobre este particular para la reflexión porque, además, se produjo en un Estado con una fuerte presencia y poder de la Iglesia Católica.

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Un ejercicio literario sobre la sucesión en Monarquías y Repúblicas

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En el número del seis de julio de 1894 de Las Dominicales del Libre Pensamiento, Demófilo, es decir, Fernando Lozano Montes, un personaje fundamental en el republicanismo, el librepensamiento y la masonería en el último tercio del siglo XIX, incluyó una especie de “juguete literario” sobre cómo eran las sucesiones en las Monarquía y en la República, que glosamos en esta pieza.

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Jaurès: socialismo y libertad en 1894

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En este apunte queremos hacernos eco de la conferencia que el diputado socialista francés, figura fundamental en socialismo galo e internacional, Jean Jaurès dio en Bruselas en la primavera de 1894, y que conocemos a través de las páginas de Las Dominicales del Libre Pensamiento en su número del primero de mayo de ese año.

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Cuando el PSOE condenó los terrorismos entre 1894 y 1899

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En el Manifiesto que elaboraron los delegados del IV Congreso del PSOE del año 1894 se manifestó que era un “error grosero” atribuir al Partido Socialista “innobles aspiraciones”. El Partido nunca había pretendido destruir propiedad alguna, ni, por supuesto, atentar contra las personas propietarias. Lo que se pretendía era transformar la propiedad y destruir las instituciones privilegiadas, consideradas como caducas. Los socialistas nunca habrían demostrado con palabras o hechos que fueran partidarios de destruir la riqueza, ni de arrebatar la vida a ninguno de sus poseedores.

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Cuando el PSOE criticó al republicanismo federal en 1894

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El acusado sentido obrerista o proletario del PSOE tuvo una dimensión concreta en relación con el republicanismo más avanzado, el federal, en clara competición por conseguir el apoyo de los trabajadores. La tesis fundamental socialista partía del hecho de que la emancipación de los obreros era tarea de los mismos, encauzada por un partido obrero y no por uno definido por burgués avanzado o progresista. El republicanismo fuera, el que fuera, siempre era de signo burgués y no podía ser instrumento para la emancipación. El IV Congreso del PSOE, celebrado en agosto de 1894 en Madrid, aprobó un largo e intenso manifiesto donde, entre otras cuestiones fundamentales para los socialistas, se hacía una crítica a los federales, partiendo de lo que hemos expresado.

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Los socialistas de Barcelona y el primero de mayo de 1894 con la suspensión de las garantías constitucionales

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La significación del primero de mayo de 1894 en Barcelona radica en que las garantías constitucionales en la provincia se encontraban suspendidas, un hecho que tenía que dificultar que allí pudiera celebrarse. Si en noviembre de 1893 se había producido el atentado de la bomba del Liceu, en enero de 1894 tuvo lugar el atentado contra el gobernador civil. A pesar de ello, la Agrupación Socialista de Barcelona, siguiendo las indicaciones del Comité Nacional del Partido Socialista, se puso en marcha, consiguiendo la respuesta favorable de un conjunto amplio de Sociedades Obreras. Reunidos los representantes de la Agrupación y de las Sociedades Obreras se tomaron cuatro resoluciones. En primer lugar, no acudir al trabajo el 1º de mayo. En segundo lugar, ponerse en marcha para organizar mítines, ya que el Gobierno no iba autorizar la realización de una manifestación. En tercer lugar, había que redactar un manifiesto destinado a los trabajadores; y, por fin, efectuar gestiones para promover la movilización obrera.

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