Charles Fourier (1772-1837) imaginó una sociedad ideal de comunidades de hombres y mujeres, a la que denominó falansterios. Serían poblaciones con 1.600 habitantes, entre los que se distribuirían las funciones y trabajos alternativamente, para evitar la excesiva especialización, es decir, que se combinaba la comunidad en sí de residencia, como la producción y el consumo. En los falansterios se respetaría la propiedad privada y el derecho de herencia, pero los instrumentos de producción serían comunes, empezando por la tierra. Los falansterios serían grandes edificios, que recuerdan los palacios barrocos, en cuya parte central se encontrarían las dependencias para las funciones comunes, como los comedores, las salas de estudio, biblioteca y salas de reuniones y para asambleas. En un ala estarían los talleres y cocinas, y en la otra los baños y los espacios para las relaciones con las personas del exterior. Los falansterios debían contar con jardín de invierno, teatro, iglesia, depósitos y establos. Todo estaría comunicado a través de grandes galerías que facilitarían las reuniones y la circulación de las personas. En otros lugares de las alas estarían las viviendas.