La UGT fue concebida como una organización sindical autónoma sin carácter político, es decir, sin tener ningún tipo de vinculación o dependencia orgánica con el PSOE, además de no que no se exigía a sus miembros tener una ideología política concreta, aunque para poder ingresar en la misma sí era necesario que se estuviese comprometido en la lucha por obtener mejoras necesarias para la clase obrera, protagonista de su emancipación mediante la estrategia de la resistencia. Pablo Iglesias siempre tuvo muy claro que la organización de la clase obrera era dual. Por un lado, estaba la lucha política que llevaba el Partido, y por otro la económica, propia del Sindicato. Eran y debían ser organizaciones autónomas, sin subordinación alguna del segundo en relación con el primero.