Reflexionando sobre los giros políticos radicales
En estos tiempos hemos visto evoluciones o giros políticos radicales de personajes públicos destacados, aunque esto no es privativo de nuestro tiempo, ni mucho menos. Lo que ocurre es que hoy tienen mucha repercusión mediática. No hace falta que demos nombres porque todos y todas tendremos los mismos en nuestra mente.
Siempre nos ha llamado la atención estas evoluciones de 180 grados, tanto como ciudadano preocupado por nuestro presente y por el futuro, como historiador del movimiento obrero. Como tal nos hemos limitado a observar el fenómeno, analizarlo y buscar causas del mismo, tanto si pueden existir o no reglas generales, un asunto, por cierto, que bien valdría un estudio monográfico, pero como ciudadano tenemos opinión más o menos formada de dicho fenómeno en nuestro presente. Nunca hemos compartido esos giros copernicanos, hasta violentos en el gesto, de comenzar en la juventud en universos megaradicales de un sector ideológico y terminar en la madurez y vejez en posturas igualmente megaradicales del otro lado del espectro político. A lo mejor la clave está, precisamente, en ese radicalismo acusado de algunos personajes públicos que puede ser aplicado a distintas posturas ideológicas y políticas. En otros casos no se comenzó siendo muy radical, pero se terminó siendo al máximo, eso sí, compartiendo el viaje ideológico con los del radicalismo extremo.
Por nuestra parte, pensamos que hay un momento en la vida, entre el final de la adolescencia y la primera juventud que, por distintos factores e influencias, nos decantamos hacia determinado lado ideológico, político, como también hacia una determinada actitud ante la vida. Es un tema que nos apasiona: ¿qué influye o quienes influyen en esa toma de decisión que se hace no de un día para otro, sino en un tiempo más o menos corto o largo? Pues bien, luego al avanzar la vida, las experiencias personales y colectivas en distintos niveles, nuevas lecturas, personas que nos vamos encontrando en la vida, reflexiones más pausadas, etc, es decir, por otro conjunto de factores, vamos matizando nuestras posturas en un sentido más moderado o más radical porque nosotros no somos iguales a los 17 que a los 57, ni mucho menos. Pero en el poso de los 57 permanecen principios que se aposentaron con los 17, con todos los matices que se quieran, pero ahí están.
Los cambios de 180 grados obedecerían, a nuestro entender, a que, en realidad, los principios que aparecieron con los 17 fueron elegidos con mucha frivolidad, sin sustentos bien trabados y sin reflexiones, un poco a lo loco, por moda, porque era lo que se llevaba en ese momento en tu círculo o porque querías epatar y ser original en contra de ese mismo círculo familiar o de amistades. Luego estaríamos ante los casos de personajes que les encanta el protagonismo y el ego, con el fin de estar siempre en el foco, sin olvidar a los resentidos porque los suyos no habrían sido buenos con ellos en un determinado día. De verdad, no vamos a decir ningún nombre, y nos mordemos la lengua. Pero pensamos que por mucho ego que tengamos, o por mucho enfado porque nuestro partido no nos haya tenido en cuenta, si hemos construido un discurso más o menos bien tramado, con sus problemas, contradicciones y matices más o menos evidentes, nos iríamos a casa, enfadados, por supuesto, pero siendo más o menos fieles a esas ideas en las que hemos creído desde siempre, y no lanzarnos a los medios para proclamar lo nuevo con enfado, acritudes y manipulaciones de todo tipo.