El voto de los cabezas de familia
Aparte de la extravagancia rancia sobre las mujeres con gatos que serían las que, supuestamente para la derecha más populista norteamericana, gobernaría en el país, nos interesa detenernos en eso de que solamente deberían tener los plenos derechos los que tuvieran hijos.
Esta idea tiene su historia, aunque después del triunfo del sufragio universal y de la democracia parecía una reliquia histórica. Bueno, ahora lo rescatan desde Estados Unidos, pero hace diez años, Vox propuso que se multiplicasen los votos en función de los hijos que se tuvieran. Independientemente, de que eso es complicadísimo de poner en la práctica y, sobre todo, porque no quedó nunca claro sobre lo que ocurriría en un divorcio porque no se sabe si el voto ampliado se lo quedaría el padre o madre que tuviera la custodia, y ¿qué ocurriría con los casos de custodia compartida? Lo importante no es eso, lo que interesa es cómo entre los extremos de las derechas vuelve a cundir la idea de que la familia es el eje o pilar del sistema político, eso sí, imaginamos que la familia tradicional, es decir, de hombre y mujer, y no de otro tipo, ¿o unos padres gays podrían votar más en función de los hijos que adoptasen?
En España esto del voto familiar existió en la época franquista. En el ámbito municipal hubo elecciones, eso sí, bajos los parámetros de un Estado autoritario que no permitía ni la libertad de expresión, ni las campañas políticas, ni el disenso público, y que hacía de las elecciones nada más que un trámite administrativo. Pues bien, los concejales que se eligieron entre 1948 y 1973 se hacían según un sistema de tercios. Estaba el tercio sindical, es decir, que los sindicatos verticales, a través de un complejo proceso, elegían a unos concejales. Según el tercio de entidades diversas elegían a otros concejales. Y, por fin, lo que aquí nos interesa, estaba el Tercio familiar. Los cabezas de familia elegían al otro tercio de ediles. El sistema se basó, en parte, en el Estatuto Municipal de Calvo Sotelo de 1924, basado en el voto corporativo.
Así pues, ya ve como se rescatan y se remozan cosas del pasado, porque si usted no tiene hijos debe tener menos derecho al voto, eso sí, no sabemos muy bien cómo se vincula esto con la libertad personal para los adalides norteamericanos de la “freedom”. Además, en el caso norteamericano el tufillo machista y sexista es abrumador, al aludir a las mujeres sin hijos.