La riqueza cultural de la inmigración

Política

Se insiste mucho en las aportaciones demográficas y económicas de los inmigrantes. Sin duda alguna, España no sería una potencia económica en el mundo sin los inmigrantes que han venido desde finales del siglo pasado. Quien niegue esto no entiende nada de nuestra economía, como tampoco de demografía. Todavía recuerdo el fantasma del crecimiento cero o negativo en los años noventa.

 

Pero esta pieza no va de economía ni de demografía, va de cultura, de la gran riqueza cultural que nos aporta la inmigración y que ha ido convirtiendo a España en un país más cosmopolita y diverso. La llegada de inmigrantes del este europeo, de Asia, del Norte de África y, sobre todo de Latinoamérica nos ha aportado distintas visiones del mundo, gastronomías diversas, fiestas y tradiciones que no conocíamos y ha enriquecido nuestra habla con acentos que no acostumbrábamos. Hemos aprendido muchísimo, de cómo se vive en otras partes del mundo, hemos desarrollado la empatía hacia los que tienen que marcharse obligados por el odio y por la necesidad, nos hemos casado, hemos abierto nuestras puertas, han entrado en nuestras familias y en nuestros círculos de amistades y de conocidos del barrio. En fin, nos hemos hecho más humanos, más solidarios y nos hemos enriquecido culturalmente como pocas veces en nuestra historia. Y lo han hecho unos inmigrantes que no han invadido nada ni a nadie, que no son tantos como se nos dice porque muchos han retornado en estos años a sus países de origen. Algunos vinieron de forma irregular. ¿Y usted que hubiera hecho si no tiene para sacar a su familia adelante?, mientras que otros lo han hecho de forma legal. Pero todos han venido porque necesitaban vivir con dignidad y han elegido España porque vieron desde sus lugares de origen que este país es maravilloso en tantas cosas, a pesar de algunos.

Nunca dejaré de sentirme orgulloso de esa España acogedora, empática, solidaria, agradecida, como la de la memoria, la que sabe que aquel régimen de aquello del “Imperio hacia Dios”, de la “Unidad de destino en lo universal” o la “reserva espiritual de Occidente” era incapaz de dar de comer a todos sus habitantes y lanzó a millones de ellos en pésimas condiciones, con dos maletas y un billete de tercera a los países ricos de Europa para poder sobrevivir.

En este país de patriotas de opereta, puede haber otro patriotismo, el de sentirse orgulloso de vivir entre conciudadanos civilizados y que entienden a los demás, a los que vienen de fuera y agradecen su esfuerzo. Los otros, ya sabemos lo que son y lo que defienden, nada más que odio.