En la época de la Restauración, vencido definitivamente Napoleón, se impuso un conjunto de ideas basado en los principios de la tradición, es decir, la historia, y la autoridad simbolizada y ejercida por la unión entre Monarquía e Iglesia, o dicho de otra manera, Altar y Trono. Estos principios se enfrentaban a los que había introducido la Ilustración y desarrollado la Revolución francesa, es decir, el cambio, el triunfo de la voluntad humana, la libertad y la razón. En la Restauración estas ideas ilustradas y liberales fueron consideradas como destructoras del orden social, al favorecer el individualismo y la competencia, así de la alianza entre el Altar y el Trono.