Los precedentes de la OIT. Tercera y última parte
Finalizamos esta serie de artículos sobre los precedentes de la OIT, siguiendo a Albert Thomas y otros materiales.
Finalizamos esta serie de artículos sobre los precedentes de la OIT, siguiendo a Albert Thomas y otros materiales.
En este artículo estudiamos la historia de una publicación, nacida al calor del Sexenio Democrático, que se destacó por su constante ataque a la Primera Internacional y al movimiento obrero en España, así como al republicanismo.
En esta segunda parte seguimos estudiando los precedentes de la Organización Internacional del Trabajo, guiados por Albert Thomas, y aportando más materiales para el tránsito entre los siglos XIX y XX hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial.
En dos artículos acudimos al primer director general de la Organización Internacional de Trabajo (OIT), el socialista francés Albert Thomas, para conocer de su propia mano, como un material poco conocido, cuáles fueron los precedentes de esta capital organización gracias a una conferencia que dio en la Escuela Socialista de París en la primavera de 1930. Pero este recorrido, muy esquemático, al ser un resumen periodístico, será completado con otras aportaciones y comentarios.
¿Qué entendemos por crisis? En este trabajo nos aventuramos con unas cuantas reflexiones con el fin de intentar aportar algunas luces sobre este concepto que tanto nos preocupa.
El 12 de mayo de 1930 moría el político laborista de origen irlandés, aunque profundamente vinculado a Escocia, John Wheatley. Los socialistas españoles honraron su memoria en El Socialista, glosando brevemente su trayectoria, e informando de su entierro en Glasgow.
Por Real Decreto de un Gobierno de Eduardo Dato de 8 de mayo de 1920 se creaba el Ministerio de Trabajo, que reunió en su seno el conjunto de organismos oficiales que trataban de cuestiones laborales, como el Instituto de Reformas Sociales, desapareciendo, a su vez, el Ministerio de Abastecimientos por otro Real Decreto de ese mismo día, y que había sido creado en septiembre de 1918 en relación con la brutal crisis sobre los abastecimientos generada por las consecuencias de la Gran Guerra.
El 26 de mayo de 1831 fue ejecutada Mariana Pineda. La recién estrenada Segunda República no podía dejar de honrar a la heroína liberal, como un referente histórico de la lucha por las libertades en España, con el precedente de la breve Primera República, y de los anteriores inicios de la Revolución liberal. Cada régimen político construye su propia memoria, y en el republicano la granadina tenía que ocupar un lugar destacado, como mártir, y también, como veremos, como mujer.
“morir combatiendo o vivir trabajando”
En la historia del movimiento obrero francés la insurrección de Lyon de octubre y noviembre de 1831 constituye un hito fundamental, influyendo en socialistas y en la propia organización obrera posterior. Estalló justo al año siguiente de la Revolución de 1830 que terminó con el absolutismo de Carlos X, el último Borbón, e instauró la Monarquía constitucional en la persona de Luis Felipe de Orleáns. En realidad, la insurrección de la primera ciudad industrial de Francia tiene mucho que ver con aquella Revolución, o más bien, con la desilusión por la misma, porque la situación de los trabajadores no había mejorado en nada con el cambio político, que solamente había beneficiado a la burguesía. La crisis económica desencadenó el conflicto.
“Si no tuviéramos la esperanza del Socialismo, ¡qué tristes estaríamos hoy!”
Andrés Gana (1881-1931) fue un litógrafo, fundamental en la historia del sindicalismo de este sector productivo, además de secretario de la Agrupación Socialista Madrileña en los años veinte. Como tal tenía la responsabilidad de custodiar la documentación de la misma generada desde sus inicios. En mayo de 1928, coincidiendo con el aniversario de la fundación del PSOE, escribió una columna en El Socialista para glosar la fundación del mismo a través del “libro de actas con las cubiertas rojas”. En este mes de mayo, tantos años después, recordamos el trabajo de Gana con el fin de seguir aportando materiales importantes para la historia del movimiento obrero socialista.
Sin lugar a dudas, los años veinte fueron decisivos en el avance de la emancipación de la mujer, con un salto adelante en el reconocimiento del derecho al sufragio en distintos países después de la Gran Guerra, la participación de las mujeres en los parlamentos y gobiernos, y el auge del feminismo socialista, como hemos visto en distintos trabajos. Este es el contexto en el que se inscribe el presente estudio sobre la opinión que emitió en un artículo periodístico Luis de Zulueta en mayo de 1924 titulado, “La mujer y el Socialismo”, que publicó en La Libertad, y que recogió El Socialista, el órgano del PSOE, que durante dicha década dedicó una especial atención a la cuestión del feminismo, incluyendo la participación activa en sus páginas de autoras como María Cambrils o María de Lluria, además de incluir crónicas de lo que ocurría en el mundo en este terreno en secciones específicas.
El primero de mayo de 1910 coincidió con las elecciones generales donde se presentó por vez primera la Conjunción Republicano-Socialista, y que llevaron a Pablo Iglesias al Congreso de los Diputados, todo un hito histórico. En este contexto nos acercamos a la celebración de los trabajadores en Ávila en ese año.
La fundamental encíclica de León XIII, la Rerum Novarum, que estableció la doctrina social de la Iglesia, produciendo un cambio oficial en relación con la cuestión obrera y la economía, se publicó el 5 de mayo de 1891. Pues bien, en mayo de 1931, es decir, en su cuarenta aniversario, el socialista belga August De Winne, que trató muchas cuestiones religiosas, y al que hemos dedicado atención en distintos trabajos, publicó un artículo al respecto, que los españoles conocieron gracias a El Socialista, y que pasamos a comentar en el presente trabajo. El momento, además, coincidía con los primeros pasos de la Segunda República y con el inicio de las primeras medidas laicas en educación por parte del Gobierno Provisional.
El reinado de Carlos IV se caracterizó por una profunda crisis económica, provocando un evidente malestar social. Por otro lado, la política del despotismo ilustrado sufrió un evidente parón como consecuencia de la Revolución Francesa por el miedo al posible contagio de las ideas revolucionarias. Floridablanca puso en marcha una política de control y censura para evitar todo contacto. España, además, entró un ciclo bélico, con dos fases: una primera, protagonizada por la guerra contra la Francia revolucionaria (1793-1795) y, luego, a partir de 1796 hasta 1808, en alianza con Napoleón, con enfrentamientos contra Inglaterra.
Al parecer, el primero de mayo en Lugo del año 1901 revistió una importancia que hasta entonces no había tenido gracias al esfuerzo de los obreros asociados, especialmente por parte de la Sociedad de Canteros. El paro había sido general, y se aludía en la crónica que ni los mozos que llevaban las mercancías desde la estación habían trabajado.
El Primero de Mayo de 1931 fue extraordinario por dos razones. Se celebró a las pocas semanas de la proclamación de la República y, sobre todo, porque fue la primera celebración como fiesta oficial. Efectivamente, el gobierno provisional, a propuesta del ministro de Trabajo, Francisco Largo Caballero, había establecido el día 1 de Mayo como Fiesta oficial del Trabajo.
En el Congreso fundacional de la Segunda Internacional celebrado en París el año 1889, al que asistió Pablo Iglesias, se tomó la decisión de celebrar el 1º de mayo como una gran manifestación internacional en esa fecha fija para que en todos los países los trabajadores reclamasen la reducción de la jornada laboral a las ocho horas. Como una manifestación semejante había sido acordada por la American Federation of Labor para el 1º de mayo de 1890 en el Congreso que se celebró en Sant Louis en diciembre de 1888, se adoptó dicha fecha en el Congreso parisino.
En algunos trabajos nos hemos dedicado al estudio de los problemas socio-laborales del servicio doméstico entre los años veinte y treinta. Hemos estudiado la denuncia de Roma Rubies sobre la situación de las mujeres que trabajaban en este sector en 1930, pero también como se organizaron en esa misma época justo en vísperas de la proclamación de la Segunda República en la Casa del Pueblo y, por fin, la reforma legal ya en el nuevo régimen en la que se incluía a estas trabajadoras en la Ley de Contratos de Trabajo. Todos estos estudios podemos encontrarlos en la Hemeroteca de El Obrero.
“Cuando el hombre no puede más se para; cuando la mujer no puede más, se arrastra” (Concepción Arenal, citada por Clara Campoamor)
El Palacio de Cristal del Retiro se construyó para la Exposición de las Islas Filipinas e 1887, obra de Ricardo Velázquez Bosco, inspirándose en el Crystal Palace de Paxton. Pues bien, detrás de esta verdadera joya de la arquitectura del hierro y el cristal en el corazón del espacio verde más característico de Madrid, hay también una parte menos brillante.
Aportamos un material para profundizar en la Historia de las mujeres socialistas madrileñas a través del discurso que Concepción Fernández, secretaria de la Agrupación Femenina Socialista, presentó en el acto de conmemoración del XVIII aniversario de la misma, y que tuvo lugar en la Casa del Pueblo el domingo 5 de abril de 1925, y que fue conjunto con las Juventudes Socialistas de Madrid que, por su parte, celebraban su vigésimo segundo aniversario.
El 11 de abril de 1825 nació Ferdinand Lassalle, figura capital de la primera hora del socialismo alemán. En el centenario de su nacimiento se celebró un acto, organizado por la Agrupación Socialista Madrileña en la Casa del Pueblo de Madrid, con una conferencia de Andrés Ovejero. Pasamos a repasar dicha conferencia en el presente artículo.
En distintos artículos publicados en El Obrero nos hemos detenido en la figura fundamental dentro del laborismo británico que fue Susan Lawrence (1871-1947). En otros trabajos venimos insistiendo, además, en la importancia que tuvo el laborismo para el socialismo español en los años veinte, un asunto que merece un estudio monográfico. El ascenso evidente del Partido Laborista en dicha década constituyó para el PSOE un ejemplo a seguir, una especie de alternativa al desarrollo del comunismo, justo después de la escisión producida por la negativa del Partido a ingresar en la Tercera Internacional.
Siempre parece necesario y conveniente recurrir a los clásicos para refrescar y afianzar conceptos, y reflexionar sobre los procesos históricos. En este sentido, estos días he regresado a Albert Soboul sobre lo que nos explicó ya hace tiempo en una clásica obra sobre la Historia general del socialismo, dirigida por Jacques Droz, acerca del problema de la igualdad en la Revolución Francesa, que creemos puede ser sugerente recuperar en este periódico y en este momento cuando crece tanto la desigualdad.