Charles Beslay
Charles Víctor Beslay (1795-1878) fue uno de los protagonistas de la Comuna de París.
Charles Víctor Beslay (1795-1878) fue uno de los protagonistas de la Comuna de París.
En el año 1932 el diario El Socialista sacó un número extraordinario contra la guerra y en favor de la paz, al que en alguna ocasión nos hemos acercado. Regresamos al mismo porque está lleno de sugerencias.
Nos nos hemos podido resistir a glosar en las páginas de El Obrero un artículo con el título “Filosofando” que María de Lluria publicó en la sección de cines de El Socialista, en el número del 25 de mayo de 1930 sobre el cine sonoro. No dejaremos de insistir en la necesidad de entablar un estudio monográfico sobre el papel de la prensa socialista española en relación con el cine en los años treinta, justo cuando se estaba convirtiendo en un ocio masivo.
Que determinadas estrellas no paguen lo que está estipulado a Hacienda no es un tema de nuestro tiempo, ni mucho menos.
Durante el siglo XIX no hubo muchos políticos ni pensadores de relevancia, en principio, que abogaran por el establecimiento de una política colonial hacia Marruecos, con algunas excepciones. El político que más destacó en este sentido fue Juan Donoso Cortés que planteó la cuestión hacia 1847 en relación con la discusión sobre la política exterior española.
La organización obrera obtuvo un triunfo al final del invierno de 1930 en Rentería frente a la patronal de la nueva empresa papelera del “Oarso”.
En varias ocasiones hemos traído materiales históricos sobre cómo los socialistas se sentían revolucionarios en las primeras décadas del siglo XX. Regresamos a la cuestión y con un texto que abría el número del 18 de mayo de 1900 en El Socialista, y con el significativa de “Somos revolucionarios”.
Félix Sardá i Salvany (1841-1916) fue un sacerdote catalán, destacado miembro del integrismo en la época de la Restauración. Militó en el seno del carlismo, para pasar en 1888 a ser uno de los ideólogos del Partido Integrista de Ramón Nocedal. Al parecer, el fue el impulsor de que la formación se llamase así, precisamente por el carácter peyorativo que tenía el término integrista por parte de los contrincantes políticos. En 1893 estuvo en el Diario Catalán, órgano del integrismo barcelonés. Terminó separándose del Partido y enfrentándose a El Siglo Futuro porque defendió la necesidad de apoyar alianzas electorales con los conservadores. Se enfrentó al catalanismo y defendió una suerte de catolicismo social en Sabadell. Su obra más famosa fue El liberalismo es pecado y la obra que aquí nos interesa, Masonismo y catolicismo: paralelos entre la doctrina de las logias y la de nuestra Santa Iglesia, Católica, Apostólica, Romana, única verdadera, que publicó en Barcelona, en el año 1885.
El Partido Laborista editó en 1927 una hoja electoral con el significativo título de ¿Por qué las mujeres deben votar al laborismo? Se trata de un material histórico sugerente en relación con la participación de la mujer en la política en los momentos de avance del reconocimiento del derecho al sufragio femenino, y de cómo el laborismo se ponía en marcha para captar dicho voto.
El 12 de enero de 1872 se firmaba un tratado masónico entre el Gran Oriente de España y el Gran Oriente Lusitano Unido, algo muy habitual entre obediencias o potencias masónicas y que siempre tiene consecuencias estrictamente en el ámbito de la masonería, como reconocimientos mutuos, colaboraciones, actuaciones conjuntas, etc.
En la compleja historia húngara después de la Gran Guerra y ya en el polémico gobierno de Bethlen, figura que dominó la política del país entre 1921 y 1923, queremos compartir las propuestas que los socialistas húngaros presentaron en el Parlamento sobre el control obrero, dentro de nuestro objetivo de estudio de esta cuestión en el período de entreguerras.
Como es sabido, el verano de 1976 fue un momento importante en la transición española con la caída del Gobierno de Arias Navarro y la elección para sucederle en la figura de Adolfo Suárez, formando un nuevo ejecutivo.
La CGT debatió en su Congreso confederal de principios de 1923, entre otras decisivas cuestiones, sobre el derecho sindical de los funcionarios, una cuestión que en el pasado tratamos para el caso español en tiempos de la Segunda República, y que podemos consultar en este mismo medio de El Obrero.
El Partido Socialista consideraba en el verano de 1976 que las necesidades y aspiraciones de los españoles estaban aflorando cada día con más fuerza.
Antonio Fabra i Ribas reflexionó sobre la jornada de ocho horas y el control obrero en un artículo que sacó en el número del 15 de febrero de 1922 de El Socialista. Aquí nos interesa lo segundo, en relación con el papel del obrero en el proceso productivo.
El Consejo General de la Federación Nacional de Juventudes Socialistas se reunió entre los días 10 y 11 de junio de 1966 para estudiar la situación de España y definir la posición de las Juventudes en esos momentos. En el Consejo estuvieron miembros residentes en España y fuera de ella.
Anastas Ivanovich Mikoyan nació en 1895 en Sanain (Armenia). Allí se educó en el Seminario.
En distintos trabajos nos hemos acercado a las diferentes propuestas, medidas y políticas defendidas por los socialistas desde finales del XIX hasta los tiempos de la República cuando tuvieron responsabilidad directa en la materia. También nos hemos acercado al doctor Milla, que se preocupó mucho de la salud desde su trabajo infatigable en la prensa socialista. Calixto Milla Basallos era médico y en 1918 ingresó en la Agrupación Socialista Madrileña. Sería médico supernumerario de la Mutualidad Obrera de la Casa del Pueblo. Murió de la gripe en enero de 1929. Aunque existen referencias del mismo en distintas obras sobre medicina social, enseñanza deportiva y cooperativismo de viviendas, el personaje merece un estudio monográfico por su infatigable labor de denuncia y planteamiento de alternativas y soluciones para mejorar la sanidad y la higiene de los españoles.
La cuestión de la vinculación de los intelectuales en el socialismo fue muy debatida en el seno del Partido Socialista en España, dado su acusado obrerismo en su fundación y en sus primeras décadas de existencia. En el paso al nuevo siglo XX se trató mucho sobre la compleja relación entre obreros manuales organizados y los intelectuales con sensibilidad y compromiso social pero que solían proceder de la pequeña burguesía. ¿Podían los intelectuales participar en la emancipación de los trabajadores?, ¿eran, realmente, trabajadores?
Plateamos, aunque sea de forma breve, un ejemplo de movilización de las mujeres ante una grave situación económica y de paro.
El destacado socialista francés Paul Ramadier reflexionó sobre la aportación fabiana en relación con la participación obrera de las empresas a raíz del Congreso Laborista de 1952.
En un tiempo en que se está debatiendo por parte de los sindicatos y la izquierda en general sobre la democracia en el ámbito productivo nos parece harto interesante que reflexionemos por nuestra parte sobre el denominado control obrero, una cuestión que cobró fuerza en el período de entreguerras y que se puede considerar un precedente de este trabajo por la participación de los trabajadores en la dirección y administración de las empresas, más allá de la innegable conquista de la negociación colectiva.
La CGT planteó en 1921 su programa sobre el control obrero en las empresas que no debían ser nacionalizadas.
Ante las elecciones a diputados provinciales en 1921 la Comisión Ejecutiva del PSOE publicó un comunicado, fechado el 18 de mayo de ese año, y firmado por Andrés Saborit como secretario y Julián Besteiro como vicepresidente.
Al comenzar el año 1921 se reunió en París el Consejo Nacional de la Federación de los obreros textiles y se trató sobre el establecimiento del control obrero en dicha industria.