El problema del “indiferentismo” en la Masonería: ¿un ejercicio del pasado o del presente?

Historia

El concepto de “indiferentismo” es religioso y se referiría a la convicción de que, partiendo de la incuestionable existencia de Dios, sería indiferente, de ahí el término, adscribirse a un credo determinado. También se ha empleado en relación con la indiferencia, es decir, el descuido en el cumplimiento de los deberes religiosos. Esta segunda acepción tendría más relación con el de tibieza religiosa bajo la consabida fórmula de ser creyente, pero no practicante.

 

Por fin, hay una dimensión política sobre el indiferentismo religioso, y tendría que ver con la postura oficial de un Estado sin religión oficial, pero no sería tanto una política laica, como aquella donde, existiendo una religión dominante se tolera la existencia de otras. Con alguna salvedad estaríamos pensando en la Restauración española, aunque sí había religión oficial, pero se toleraban otras, eso sí en su ejercicio privado, a pesar de los intentos por ampliar la libertad religiosa por parte de liberales y librepensadores.

Pues bien, en la Masonería española se trató en alguna ocasión este tema, considerado en su mismo seno y como uno de sus problemas, y al que había que combatir, como se explica en un artículo que se publicó en el número del primer de octubre de 1888 en El Simbolismo, del Gran Oriente Nacional Español (cuyo autor era “Pitágoras”, grado 32). En todo caso, nos remitimos al título del artículo sobre si el problema del pasado no sería también uno del presente, aun salvando algunas cuestiones coyunturales.

Los masones españoles aplicaban el concepto de indiferentismo en su segunda acepción, es decir, en de la indiferencia, en el descuido, no de los deberes religiosos, sino de los masónicos. En el artículo se llegaba a preferir combatir un fanático que a un indiferente. Con el fanático se combatía frente a frente, con los medios al alcance, como la palabra y el ejemplo, o los que se pudieran articular para convencer. La Masonería, defensora del concepto de verdad, consideraba que, en alguna medida siempre quedaba el debate o confrontación de ideas o pareceres. Pero con el indiferente el problema era más complejo porque no existía la motivación, el estímulo.

El autor del artículo era muy crítico con sus propios hermanos indiferentes porque aceptando que éstos sabían distinguir entre el bien y el mal en el ámbito profano cuando no se habían iniciado, una vez en Masonería terminaban por apoyar al segundo de forma consciente o inconsciente, perjudicando del trabajo de los que luchaban contra el “vicio y la ignorancia (el mal o los males en Masonería), y proclamando la virtud”.

En consecuencia, entraban en Masonería sin conciencia de sus actos y sin verdadera vocación, o eran víctimas de un mal que les convertía en la simple condición de autómatas que se moverían “a voluntad de aquel al que consideraban como ídolo y señor”.

En una palabra, nuestro autor hablaba de “borregos” en las colectividades que, aunque éstas fueran loables, como la Masonería, profanaban el principio masónico de ser hombres libres.

 ¿Cuál sería el origen de este problema?

La respuesta estaría en que había personas que se iniciaban en Masonería porque no habían conseguido conquistar un puesto en la sociedad, y buscaban promoción en la orden, generando problemas en las logias, tratando de imponer su criterio sobre las conciencias limpias. Eran masones preocupados por sus derechos, pero nada por los deberes que la Masonería impone a sus miembros. Cuando eran expulsados de las logias se dedicaban a desprestigiar a la Masonería, a la que nunca habían comprendido, lanzando calumnias. Los que se quedaban intentaban dominar en las logias fomentando el indiferentismo o intentado imponer su voluntad.

Ante esto, los masones de verdad no podían adoptar, digamos, en nuestro lenguaje actual, una política de “paños calientes”, es decir, había que enfrentase a quienes el mismo autor del artículo, que estamos glosando, consideraba alimañas porque peligraba la institución si imperaba el indiferentismo, es decir, el no cumplir con la ardua tarea impuesta a todo masón, es decir el trabajo.