El socialismo cómodo hacia 1914

Historia

En febrero de 1914 se publicó una columna en El Socialista con el sugestivo, a nuestro entender, título de “El socialismo cómodo”, y que queremos glosar en esta pieza.

 

El artículo pretendía explicar la importancia de ser socialista en un partido frente a la idea de ser socialista independiente no sujeto a esa estructura política. Al parecer, había quienes defendían la idea de que eran socialistas pero que les gustaba conservar su independencia, por lo que no se sometían a una disciplina porque podría ir contra su conciencia. Pero desde el Partido Socialista se consideraba que esta postura era muy cómoda. Los que defendían esa independencia no podían ser camaradas de los verdaderos socialistas, que eran los que abonaban su cuota, sabían el programa y cumplían los acuerdos del Partido. Los de la “fiera independencia” solían ser “camelos lamentables”. El socialismo no iría contra la independencia de nadie, mientras esa independencia no supusiese desacuerdo con lo que la colectividad socialista obligaba en su programa. Si se estaba en desacuerdo con el programa socialista uno no se podía llamarse socialista.

En la columna se decía que era un error llamar socialismo a los “cuentos de hadas” que una fantasía personal crease para su delectación. Habría un contrasentido fundamental en creer que lo que había de constituir el régimen bajo el que viviesen libremente todos fuera la concepción de un “Juan cualquiera” tan pagado de sí mismo que se considerase como el mejor “aposentador de la humanidad del porvenir”. La felicidad colectiva había de ser la obra del pensamiento colectivo.

Los socialistas debían conceder al pensamiento de los más, es decir de la mayoría, algún derecho de imposición sobre el pensamiento individual. De lo contrario se correría un grave peligro, el de que, faltos de apoyo de ese gran ideal común que movía a los desheredados que tendrían razón, la debilidad de un pequeño ideal personal y aislado estaría expuesto a frecuentes violaciones. Era muy cómodo ser socialista independiente, así como no lo era ser socialista verdadero, a plena conciencia, porque el socialista verdadero estaba sujeto a la disciplina de un partido. Un independiente no tendría el corazón comprometido en la empresa.

Este artículo se revela como un ejercicio de conciencia de clase y de la importancia de pertenecer a un partido político dedicado a la emancipación obrera dentro de las coordenadas de la lucha establecida en el movimiento obrero de signo marxista.

Hemos trabajado con el número del 12 de febrero de 1914 de El Socialista.

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