La justificación del internacionalismo en Bebel
Hemos encontrado la traducción de un texto del imprescindible socialdemócrata alemán Auguste Bebel justificando el internacionalismo, que queremos compartir con los lectores en la sección de “Textos Obreros”. El desarrollo económico del capitalismo, tan imbricado internacionalmente, generaría situaciones parecidas de contrastes de clase en Europa y fuera del continente.
La versión española se publicó en el número del 3 de marzo de 1912 en Vida Socialista. Seguimos, pues, con nuestro empeño en divulgar textos para la reflexión.
El texto:
“El internacionalismo
Los convenios comerciales y marítimos; los tratados postales universales; las Exposiciones internacionales; los Congresos para la unificación del derecho y la unificación de medidas; los de los trabajadores, que no se quedan atrás; las expediciones internacionales de exploración; nuestro comercio y nuestro tráfico; esto, é infinitos hechos más, revelan el carácter internacional que han tomado las tendencias de los diversos pueblos civilizados, á pesar de sus barreras nacionales, y aun saltando por encima de ellas. Ya en oposición al trabajo nacional, hablamos del trabajo universal, al cual atribuímos la mayor importancia, porque de las condiciones en que se encuentre depende el bienestar y la prosperidad de las naciones cada una de por sí. Nosotros cambiamos gran parte de nuestros productos por los de los países extranjeros, sin los cuales no podríamos vivir; y así como una rama de la industria sufre cuando otra desfallece, así la producción nacional de un país se paraliza cuando languidece la de otro. Las relaciones entre los diversos países serán cada vez más estrechas, á pesar de cuantas perturbaciones puedan sobrevenir, como guerras y rencillas nacionales; y esto es así, porque los intereses materiales son más fuertes que todo y se imponen. Cada nuevo camino, cada nueva mejora en los medios de comunicación, cada descubrimiento ó perfeccionamiento de un sistema de producción que disminuya el precio de las mercancías, aumenta la intimidad de estas relaciones. La facilidad de los viajes que enlazan países muy lejanos, es un nuevo é importante factor en la cadena de las relaciones mutuas, y la emigración y la colonización otra poderosa palanca.
Un pueblo aprende del vecino, y ambos tratan de vencerse en lucha de emulación; al lado del cambio de los productos materiales de todo género se opera igualmente el cambio de las producciones intelectuales, y el estudio de las lenguas vivas se hace necesidad para millones de individuos. Después de los intereses materiales, nada predispone tanto á la supresión de las antipatías como la iniciación en la lengua y en las producciones intelectuales de un pueblo extranjero.
Los progresos realizados de esta suerte en el terreno internacional, dan por resultado que los Biblioteca Nacional de España países se asemejan más cada vez en sus condiciones sociales. En las naciones civilizadas más adelantadas en el progreso, y que por esto mismo suministran términos de comparación, la semejanza es ya tan grande, que el que sabe distinguir la estructura social de un pueblo, conoce al mismo tiempo en sus líneas principales la de todos los demás. Sucede en esto lo mismo casi que en la Naturaleza, que, en los animales de la misma especie, es idéntico el esqueleto en cuanto á la organización y estructura, lo cual no impide que en cada género se manifiesten variaciones en la talla, en el vigor y en otras particularidades accesorias.
Dedúcese de aquí, que donde existen bases sociales idénticas, sus efectos deben ser los mismos; la acumulación de caudales tiene por contraste la pobreza de la multitud, la esclavitud del salario, la servidumbre del maquinismo y la dominación de la minoría sobre el mayor número, con todas sus consecuencias naturales.
Vemos, por tanto, que los mismos contrastes de clases que minan á Alemania ponen en movimiento á toda Europa y á los Estados Unidos. Desde Rusia hasta Portugal, desde los Balkanes, Hungría é Italia, hasta Inglaterra é Irlanda, encontramos el mismo descontento, la misma inquietud, los mismos síntomas de fermentación social, de malestar general y de descomposición. Parecen diferentes estos síntomas en sus manifestaciones exteriores, según el carácter de la población y la forma del estado político, pero en el fondo son esencialmente idénticos y originan profundos contrastes sociales. Cada año que pasa se hacen más agudos é impregnan más profunda y extensamente el cuerpo social, hasta que al fin, y determinada por un motivo, acaso insignificante, se verifique la explosión y se extienda con la rapidez del rayo por todo el mundo civilizado, llamando dondequiera á los espíritus á tomar parte en la lucha por ó contra el progreso.
La guerra entre el mundo moderno y el antiguo estallará; entrarán en escena millones de hombres; se combatirá con tal cantidad de fuerzas intelectuales, como nunca vio el mundo en lid alguna y como no volverá á ver, pues ésta será la última lucha social.”