La importancia del maestro frente la política de las derechas según Marcelino Domingo
El maestro, político republicano y primer ministro de Instrucción Pública, el catalán Marcelino Domingo, tiene un texto, publicado en El Liberal, el 13 de marzo de 1935, y recogido en el libro donde se homenajeó a su figura, publicado en 1936 en Madrid, donde habla, desde su criterio, de la agresión a la enseñanza, tanto al maestro como al alumno, fomentada por los gobiernos de centro-derecha del bienio radical-cedista. En esta pieza nos acercamos al caso del maestro. El artículo lleva por título, “República es Cultura. Agresión a la Enseñanza”.
Primera idea: la República y su vocación educativa, atacada por la nueva política de las derechas:
“La República debió sentir como una de sus misiones principales la solución del problema de la enseñanza pública. La Constitución, con el capítulo que a dicho problema dedica, testimonia que las Constituyentes comprendieron esta misión. La obra, y tanto como la obra el rumbo de los primeros gobiernos de la República, demuestran que esta misión empezó a cumplirse. En la hora presente, la política agresiva de las derechas se ha enfocado contra la obra y el rumbo iniciales, dejando esta misión, como tantas otras consustanciales con la vigencia de la República, totalmente y deliberadamente olvidada.”
Segunda idea: la importancia que la República dio al maestro frente a su situación en la época de la Monarquía:
“El maestro fué acogido amorosamente por la República. Esta se proponía elevar el rango social del educador, disponiéndose a mejorar su dotación económica y su preparación cultural. La conceptuación de la Monarquía puede establecerse por la conceptuación que en el país había creado del maestro; por la conceptuación que el maestro tenía de sí mismo. El Magisterio era en tiempos de la Monarquía una profesión inferior; inferior por lo mal retribuida; inferior por lo desestimada. Llegaban a ella, por lo general, quienes no se sentían con vuelos o con medios para emprender otra. Era una profesión triste, de desilusionados, más que de espíritus dispuestos a vencer. Para entrar en el Magisterio se pasaba por la Normal, una de las instituciones de cultura más abandonadas del Estado; para ejercer el Magisterio se recibía un estipendio de miseria y se enterraba al maestro en la tumba de la escuela. La escuela no valía nada para la Monarquía; podía no ser, como en millares de pueblos, o podía ser, como en otros millares de pueblos, la dependencia de una cárcel o los sótanos de un Municipio; el maestro para la Monarquía valía menos que la escuela todavía.”
Tercera idea: la estimación social del maestro para la República y los ataques recibidos por los gobiernos de centro-derecha:
“La República no sería lo que tiene el deber de ser con un maestro juzgado así. Fijó, para independizarle económicamente, un sueldo mínimo, que se reconocía en el decreto de 28 de junio de 1931 suscrito por mí; para dotarlo culturalmente, un plan de enseñanza profesional que firmé yo también. La política de agresión al maestro se significaba por el abandono en un caso; por el anuncio de abandonar, en otro, estas disposiciones de la República. En julio último, de un escalafón con 58.000 maestros, había 32.000 detenidos en la categoría con 3.000 pesetas, o sea, en una categoría inferior al sueldo mínimo reconocido por la República ai Magisterio. Con la permanencia del Magisterio en esta categoría inferior, ilegal e inmoral, se tendrá al maestro descontento, angustiado, vencido de la Monarquía; no se podrá aspirar a tener al maestro de elevada moral, de energía creadora, alegre, firme y entregado vocacionalmente a la enseñanza que necesita la República.”
Cuarta idea: agresión de las derechas a los estudios de Magisterio:
"La agresión al maestro se perpetra del mismo modo en el ataque a la reforma producida en los estudios del Magisterio. Se agrede al Magisterio cuando se le quiere volver a las Normales que había, cada sexo en su edificio, con disciplinas distintas a las que la República instauró. El maestro no existió para la Monarquía; la República se dispuso a convertirlo en el colaborador más responsable y eficaz de la obra de edificación civil de España. La política actual, al maestro, en condiciones de prestar esta colaboración, lo ve como un peligro y quiere retrotraerle al maestro de la Monarquía. Prefiere que no exista a que colabore, porque la política actual estima la edificación civil, no como una coordinación de la ciudadanía, sino como una disolución de la sociedad.”
Quinta idea: agresión de las derechas a la escuela:
“De la agresión al maestro se ha pasado a la agresión a la escuela. La República contrajo un compromiso ineludible: construir en cinco años 27.000 escuelas. Este compromiso, adquirido con mi firma por el Gobierno provisional, lleva la fecha de 24 de junio de 1931, y dice así: "No es posible crear de momento el número de escuelas que necesita España. La falta de elementos materiales, y aun la carencia de personal debidamente preparado para ponerse al frente de la escuela, hace imposible el intento de crear inmediatamente todas las escuelas. Pero si no es posible crear de una vez todas esas escuelas, tampoco puede contenerse el Gobierno provisional de la República creando solamente las 1.000 escuelas anuales, que como precepto reglamentario, figuran en los actuales presupuestos.
Urge trazar un plan, para que en un plazo de cinco años puedan crearse todas esas escuelas que hoy demanda el país, llevando a los presupuestos respectivos las cantidades necesarias para dotar esas nuevas plazas, que, naturalmente, no han de ser todas de una misma categoría, sino que habrán de distribuirse proporcionalmente entre todas las categorías de un escalafón que signifique verdadero estímulo para el Magisterio.”
¿Se cumple este programa? No. ¿Es que han dejado totalmente de construirse escuelas? No... Se construyen escuelas. Hoy, una; mañana, otra. Este mes, 30; el mes anterior, 20. Se abren escuelas nuevas. Como se abrían también en tiempos de la Monarquía. Pero el deber no es éste; el deber es construir 27.000 escuelas en cinco años. Y todo lo que no sea seguir este ritmo, realizar esta obra, llevar adelante este programa, equivale a abandonar un deber. Equivale a agredir a la escuela tan intensamente como se agrede al maestro... Y no basta tampoco, al abrir la escuela, alquilar un desván, o habilitar un sótano, o desalojar de presos una celda para que en ella entren los alumnos. No. La escuela nueva no puede ser lo que era la escuela vieja. Ha de ser lo que con la República empezó a ser la escuela en España; lo que es de tiempo la escuela en el mundo. No sólo sala de clases, sino campo de juego; no sólo campo de juego, 'sino biblioteca; no sólo biblioteca, sino cantina y ropero para quienes, además de enseñanza, necesiten que el Estado, para que la enseñanza sea efectivamente obligatoria, les dé casa, cama, vestido y pan.
Este ritmo inicial y este sentido de la escuela se han interrumpido. La interrupción es un signo evidente y punible de la política agresiva que contra la enseñanza se sigue.”
Fuente: Homenaje a D. Marcelino Domingo, primer ministro de Instrucción Pública de la República Española, Madrid, 1936