Engels: las clases y su desaparición

Historia

Nos acercamos a un texto traducido al castellano de Engels sobre las clases y su desaparición, que se incluyó en el número del 14 de mayo de 1911 en Vida Socialista, y que recuperamos en esta pieza para ir conformando la colección de materiales históricos que vamos aportando en El Obrero.

 

El texto: “Las clases y su desaparición

La división de la sociedad en clase explotadora y clase explotada, dominante y oprimida, ha sido la consecuencia fatal de la productividad poco desarrollada de la sociedad. Allí donde el trabajo social no rinde más que una cantidad de productos que apenas excede de lo que es estrictamente necesario para mantener la existencia de todos, allí donde el trabajo por consecuencia absorbe todo ó casi todo el tiempo de la mayoría de los individuos que componen la sociedad, se divido necesariamente en clases. Al lado de esa gran mayoría dedicada exclusivamente al trabajo, se forma una minoría exenta del trabajo directamente productivo y encargada de los negocios comunes dé la sociedad: dirección general de los trabajos, gobierno, justicia, ciencias, arte, etc.

La ley de la división del trabajo, pues yace en el fondo de esta división de la sociedad en clases, lo cual no impide que esta división se efectúe merced á la fuerza y á la rapiña, á la astucia y al fraude; ni tampoco que la clase dominante, una vez establecida, deje de consolidar su poder en detrimento de las clases laboriosas y de cambiar la dirección social en explotación de las masas.

En efecto, nosotros no podemos pensar en la abolición final de las clases, sino cuando hallamos alcanzado un nivel social, en el que no sólo la existencia de una clase determinada, sino la de todas y aun la distinción misma de clases, sean ya un anacronismo; es decir, que presuponga un grado de desarrollo de la producción, en el cual la apropiación de los medios de producción y de los productos por una clase, y, por consecuencia, la dominación política, el monopolio de la educación, la dirección intelectual de una clase social distinta, sean no sólo superfinas, sino también un obstáculo al desarrollo económico político é industrial.

Este punto se ha conseguido hoy día; la bancarrota política intelectual de la burguesía no es un secreto para ella misma; su bancarrota económica se repite regularmente cada diez años. Durante cada crisis decenal, la sociedad se ahoga bajo la presión de las gigantescas fuerzas productivas y de los productos que la burguesía ha creado, y no sabe ya dominar en su impotencia; se encuentra enfrente de este absurdo que los productores no tienen nada que consumir, porque hay falta de consumidores.

La fuerza expansiva de los medios de producción, rompe las trabas que]a producción capitalista les había puesto. Su libertad es la única condición que faltaba para asegurar un desarrollo continuo y siempre acelerado de las fuerzas productivas, es decir, un acrecentamiento ilimitado de la producción. Pero no es esto todo: la apropiación social de los medios de producción evita no sólo las trabas artificiales que encadenan actualmente la producción, sino que pone fin a desperdicio y á la destrucción de las fuerzas productivas, y de los productos colorarlos inevitables de la producción actual y que llegan á su apogeo en el momento de la crisis.

Además, la apropiación social pone á disposición de la sociedad un gran conjunto de medios de producción y de productos, haciendo así imposibles las insensatas extravagancias de las clases dominantes y de sus representantes políticos. La posibilidad mediante la producción social de asegurar á todos los miembros de la sociedad una existencia material bastante desahogada que se ensancharía cada día más, y de garantizarles al mismo tiempo el libre desarrollo y ejercicio de todas sus facultades físicas é intelectuales, esa posibilidad, decimos, existe hoy por primera vez.”