Un análisis socialista de la mujer en las elecciones de febrero del 36
Acostumbrados a las polémicas sobre si influyó el voto de la mujer, que lo ejercía por vez primera en las elecciones del otoño de 1933 en las que ganó claramente el centro y la derecha, nos acercamos a la interpretación que desde la revista socialista Leviatán se realizó sobre el comportamiento electoral femenino en las de febrero de 1936 de resultado distinto. Se trataría de una interpretación en clave muy radical, como la propia revista representaba.
La glosa o comentario que la revista hacía incidía en el hecho de que los resultados de las elecciones habían dejado en evidencia a los que consideraban que tanto el voto femenino como las disensiones internas en el Partido Socialista conducirían a la derrota.
La revista expresaba que los datos e indicios recogidos hasta el momento (el número de Leviatán era el de marzo, a escasas dos semanas de los comicios) animaban a interpretar que el sufragio femenino se había inclinado en gran número a favor del Frente Popular.
Se defendía la tesis de que la mujer podría no interesarse como el hombre por las “menudencias de la política cotidiana”, porque, en contra de lo que se creía, el hombre adulto gustaba más de la “minúscula acción” porque encontraría en ella una especie de “compensación espiritual” a una jornada de trabajo agotadora o desagradable, como era tan común en el régimen capitalista. Pero la mujer, “entregada a la vida del sentimiento individual o familiar no necesitaría cada día esa compensación política, y de hecho la rehuía, pero sí abrazaba las grandes causas, como las que se ventilaban en las elecciones, especialmente en relación con la liberación de millares de presos, en alusión a la batalla electoral por la amnistía. Por ello acudía masivamente a las urnas con “pasión revolucionaria”. En todo caso, no deja de ser un tanto curiosa esta interpretación, a nuestro juicio, sobre cómo el distinto trabajo de hombres y mujeres conducía a una acción u otra, como si el trabajo doméstico fuera más gratificante que el de la fábrica o el taller, o más dado a la reflexión, que llevaría a una mayor amplitud o grandeza de miras.
La mujer, en esta tesis, se asemejaba más al hombre joven, dos temperamentos más revolucionarios que el del hombre adulto. Y es que la mente de este hombre adulto se habría anquilosado en el capitalismo frente a lo que ocurría en Rusia. En este sentido, insistimos en no olvidar la ideología de la revista en la izquierda del PSOE.
Pero, además, en los pueblos, como España, donde el catolicismo habría ejercido una dominación milenaria e inquisitorial, el hombre había podido pasar del fanatismo más estúpido al ateísmo incendiario, como se habría visto en las frecuentes quemas de conventos. La mujer española habría entrado en esa zona de peligro para la Iglesia. Del terror primitivo y supersticioso con que la sojuzgaba el catolicismo estaba pasando a la furia por la libertad. Al haber votado por el “octubre de la revolución española” en las últimas elecciones había votado contra la Iglesia y la religión, contra la Roma papal, pero también contra la Roma “degradadora del fascismo” y contra la “Roma antigua” con su derecho patriarcal.