Sobre la lucha de clases en el ámbito de la administración municipal (1922)
Ricardo Franco reflexionó en el número especial dedicado al primero de mayo de 1922 de El Obrero Municipal, el órgano de la Agrupación de Obreros Municipales y Afines, sobre la existencia también en el ámbito administrativo de la lucha de clases, del conflicto social, además de reflexionar sobre la cuestión de la conciencia de clase en este ámbito.
Franco consideraba que la mayoría de los empleados tenían el prejuicio de creerse que eran distintos a los obreros, pero eso sería, en su opinión, un error. Obrero era todo aquel asalariado o jornalero que si no trabajaba carecía de medios de vida. También habría confusión en relación con el concepto de burgués. En su acepción más amplia era quien disfrutaba sin realizar esfuerzo propio, y en un sentido más restringido era quien disfrutaba a costa del trabajo ajeno. Así pues, los empleados, los funcionarios no eran burgueses. Por proletario se entendía al obrero manual en un taller o en una empresa. Pero el empleado y el oficinista también pertenecían al proletariado. Pero también eran trabajadores los empleados especialistas como contables, redactores, corresponsales, agentes. Si no trabajaban no cobraban. Si la cuestión se ceñía al Ayuntamiento el empleado también era un obrero. El de las últimas categorías era como el “paria más desgraciado de los parias”. La miseria del empleado era una “trágica miseria que no se puede reducir a palabras”. Es más, el obrero, tal y como lo entendía el empleado, estaba mucho mejor, porque tenía la conciencia de ser explotado y procuraba evitarlo.
El empleado no se había dado cuenta aún de su explotación, es decir, no tenía aún conciencia de clase. Al empleado se le explotaba de más manera y con más medios a la vez. El no se podía poner en rebeldía. Por todo ello, Ricardo Franco hacia en su artículo un ejercicio de concienciación, de que los empleados municipales tomaran conciencia de su condición.