Fermín Blázquez contra el apoliticismo (1924)
Fermín Blázquez fue un socialista muy activo que comenzó su andadura profesional como colchonero en Madrid, aunque era natural de la provincia de Salamanca. Muy pronto desarrolló el compromiso sindical y organizó la Sociedad de Obreros Colchoneros de Madrid, que presidió durante mucho tiempo, además de pertenecer a la Federación Nacional de Dependientes de Comercio y dirigir su revista, El Dependiente Español. También tuvo importantes responsabilidades en la Federación de las Juventudes Socialistas. En el PSOE llegó a estar en la Comisión Ejecutiva, y fue diputado por Toledo en las elecciones de 1931. Por otro lado, perteneció a la redacción y administración de El Socialista, y participó en la gestación de la Mutualidad Obrera de la Casa del Pueblo de Madrid. En la Guerra trabajo en Investigación Militar y pasó al exilio en Orán al terminar el conflicto.
En mayo de 1924, en plena campaña para que los trabajadores se inscribieran en el censo electoral, sacó una columna en El Socialista combatiendo el apoliticismo, muy en la línea clásica del socialismo en esta materia. Además, nos encontramos en plena Dictadura de Primo de Rivera con su defensa del apoliticismo. Sobre estas cuestiones ya hemos publicado distintos trabajos en El Obrero.
Blázquez comenzaba su texto afirmando que el apoliticismo había hecho mucho daño en España. El consejo de que el pueblo se apartase de la política había sido la causa de que políticos desaprensivos hubieran tomado el Estado “como granjería”. El cultivo del apoliticismo por parte de los políticos burgueses con el fin de que el pueblo se mantuviese alejado de la política les había permitido hacer grandes negocios.
Después clasificaba a los defensores del apoliticismo en dos grupos: los reaccionarios y los “revolucionarios de pega”.
El grupo de los reaccionarios buscaba el alejamiento del pueblo de la política porque no creía en la democracia. El reaccionario emplearía todo tipo de medios para conseguir su objetivo con el fin de que pueda disfrutar sus privilegios.
El revolucionario, por su parte, a fuerza de ser impaciente y exaltado, se creía más revolucionario y aspiraba, eso sí, inocentemente, a llegar a través de un salto a la sociedad que su imaginación soñaba. Pero con esta táctica lo único que conseguía era permitir que los partidarios de la sociedad capitalista terminasen ahogándole legalmente, y en nombre del orden burgués incapacitarle para la defensa de las libertades que promulgaba. Seguramente, Blázquez estaba interpretando desde su visión a los anarquistas.
Pero Blázquez consideraba que los pueblos más atrasados eran los que no ejercitaban sus derechos políticos, y esa dejadez permitía todos esos desmanes que planteaba al principio de su texto, detallándolos: intereses generales desatendidos, carestía de la vida, y la postergación de políticas necesarias.
El artículo se publicó en el número del 9 de mayo de 1924 de El Socialista.