La Navarra bajomedieval

Historia

Abordamos un breve recorrido por el Reino de Navarra en la Baja Edad Media hasta la conquista del mismo por Fernando el Católico en 1512.

 

En el Reino de Navarra triunfó la concepción pactista del poder en la Edad Media, como en la Corona de Aragón. La fortaleza y las prerrogativas de las Cortes navarras impidieron el desarrollo del poder real. Las instituciones fundamentales navarras fueron tres. En primer lugar, estaba el Consejo Real, organismo que asesoraba al rey. Las Cortes son el pilar básico en un sistema pactista del poder, ya que, además de legislar, vigilaban que el rey cumplía y respetaba los fueros, que debían ser jurados por el mismo. Por fin, la Diputación de los Tres Estados era una institución creada a mediados del siglo XV para gestionar los subsidios votados en Cortes.

Navarra sufrió la crisis del siglo XIV con intensidad. La Peste Negra azotó el reino de forma contundente, tanto que la recuperación demográfica del siguiente siglo no consiguió que se superase el número de habitantes previo a la crisis.

La economía navarra también sufrió la crisis bajomedieval. Aún así se mantuvo la dualidad económica del reino. El sur (la Ribera) mantuvo su predominio agrícola. Era la zona más próspera donde se situaban las principales ciudades del reino. Por el contrario, el norte, mucho menos urbanizado, siguió con el predominio de las actividades ganaderas.

Navarra mantuvo durante los siglos XIV y XV una orientación de sus intereses más hacia Francia que hacia los reinos peninsulares cristianos. Recordemos que entre 1274 y 1328 perteneció a la monarquía francesa, pero, además, la nueva dinastía reinante fueron los Evreux, un linaje francés. Esta dinastía rigió los destinos de Navarra entre 1328 y 1425.

En el siglo XV la crisis política en Navarra estalló a la muerte de la reina doña Blanca. El trono se lo disputaron su viudo, el futuro Juan II de Aragón, y el hijo del matrimonio, el príncipe Carlos de Viana. El enfrentamiento entre el padre y el hijo estalló en guerra civil en 1451, cuando se desató claramente la vieja y larvada enemistad entre la población pastoril del norte o la Montaña, los beamonteses, que apoyaron a Carlos, y, por otro lado, los agramonteses, es decir, la población urbana y agrícola de la Ribera, que apostaron por Juan. En 1458 la situación se complicó cuando Juan heredó la Corona de Aragón y el conflicto navarro se entremezcló con la guerra civil catalana; de hecho, el partido catalán contrario al rey Juan apoyó a Carlos de Viana.

La guerra terminó cuando en 1461 el príncipe Carlos murió en extrañas circunstancias. Juan se hizo con la corona navarra, aunque a su muerte en 1479 el reino fue heredado por una hija suya y Navarra volvió a ser independiente. En 1488 accedió al trono Juan III de Albret. Al comienzo de su reinado, los Reyes Católicos y Francia llegaron a un acuerdo para garantizar la independencia de Navarra. Se trataba de una solución para evitar conflictos, pero sin un carácter definitivo, ya que Castilla y Francia deseaban la anexión de este reino. En 1494 se firmó un tratado por el que se autorizaba a los castellanos a instalar guarniciones en territorio navarro como una fórmula de contrapeso del poder francés en el reino.

En 1512, ya fallecida Isabel, el rey Fernando aprovechó un incidente diplomático para ordenar la ocupación de Navarra. Las tropas del duque de Alba conquistaron el territorio. En marzo de 1513, las Cortes de Navarra proclamaron rey a Fernando, que donó el reino a Castilla en 1515, decisión que fue aceptada por las Cortes castellanas. La cesión respetó las instituciones y fueros propios de Navarra. La novedad institucional fue el establecimiento de la Inquisición.

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