Brígida Aparicio Alinez y el socialismo y la mujer
No sabemos casi nada de Brígida Aparicio Alinez, pero hemos encontrado un texto suyo sobre el socialismo y la mujer en el periódico socialista catalán La Internacional en su número del 7 de mayo de 1909. Hemos creído sugerente glosar lo que aquella mujer socialista, del Grupo Socialista de Madrid, publicó, y lo creemos porque es una llamada a la conciencia de las mujeres en relación con el socialismo.
Para Aparicio la mujer por la función que desempeñaba en el hogar podía contribuir a la liberación económica de los “esclavos del salario”. Y eso ocurriría si la mujer se diera cuenta de que tenía derecho a ser igual a los demás, y no una especie de objeto de placer o de lujo que adquiría el hombre a través del matrimonio para satisfacer sus placeres o sus impulsos de dominación, además de rebelarse contra todo tipo de convencionalismos, tomando parte en la lucha de clases que los “oprimidos conscientes” sostenían contra los opresores.
Se preguntaba si la mujer no era tan esclava del capitalismo como el hombre, pero además a la misma le eran negados algunos derechos que se le concedían al hombre. La mujer sería esclava de derecho y de hecho “carne de placer y de vapuleo”. Por todo ello, ¿por qué no debía rebelarse contra un estado de cosas que la degradaba y tomar parte en las reivindicaciones que sostenían los socialistas? La mujer podía hacer mucho por su liberación, así como por los “esclavos del salario”. Nuestra protagonista creía que como madre podía inclinar a los niños al estudio de los problemas sociales y apartarlos de lo que pudiera atrofiar su cerebro o pervertir su natural inclinación hacia el bien y la prosperidad. En una palabra, tendría una misión educadora para hacer hombres conscientes y dignos, y no autómatas predispuestos a la maldad o al fratricidio.
La mujer, tanto si tomaba parte activa como pasiva en la lucha podía acelerar el triunfo de la razón y de la libertad. La mujer constituía un factor valiosísimo, un elemento de capital importancia para la causa socialista. Lo que tenía que hacer era desechar el falso y vejatorio concepto de inferioridad en que se tenía y la tenían los que defendían un sistema de privilegios y desigualdad. Además, tenía que no escuchar al “misionero de una religión mercantilista”, que deprimía su mentalidad con leyendas estúpidas y promesas de glorias de ultratumba, es decir, despegarse de la influencia eclesiástica.
La clave era que la mujer emprendiese un camino propio de dignificación, proclamándose como igual al hombre. Si hiciera ese proceso el socialismo podría terminar con el sistema injusto imperante. Por eso, también estaba haciendo en su artículo un llamamiento no solo a la toma de conciencia propia de la mujer, sino también a la conciencia socialista, porque el socialismo era el único que podría proclamar a la mujer como libre e igual en derechos a todos los hombres.