El simbolismo del amarillo
El color amarillo sería el velo de la aurora según Homero. El sol en muchas teogonías antiguas empleaba el amarillo como emblema. El amarillo, en consecuencia, se asocia a lo caliente, expansivo y ardiente.
El amarillo y el oro se han asociado siempre con la divinidad. Ambos están siempre cerca de reyes y príncipes, al considerar que el origen de su poder era divino. Por su parte, en el cristianismo el amarillo se asocia a la eternidad, y el oro es el metal de la misma, y aparece en distintos objetos de la liturgia y de las vestimentas sagradas.
Curiosamente, el amarillo en un ámbito no asociado a lo divino, sino a lo más puro terrenal, simbolizaría casi lo contra rio, es decir, la vejez o el agotamiento porque la piel adquiere un tono amarillento antes de morir. Es más, puede asociarse a la traición, el orgullo y la presunción si el amarillo palidece, asociado al azufre del demonio. Por otro lado, algunos han considerado que el amarillo sería una mezcla de blanco y rojo, siendo el blanco símbolo de la sabiduría y el rojo del amor manifestado en la creación y la regeneración de los hombres. Por eso, el amarillo aparece adornando o rodeando la cabeza de dioses y héroes de la Antigüedad, y luego lo emplearía el cristianismo con el disco luminoso en Cristo y los Santos, como símbolo de inmortalidad.