El análisis de García Cortés sobre los avances del proletariado madrileño (1908)

Historia

En vísperas de la inauguración de la Casa del Pueblo de Madrid en la calle del Piamonte, el destacado sindicalista y socialista Mariano García Cortés realizó una reflexión sobre los avances de los trabajadores en Madrid hasta el momento en El Socialismo, en su número del 10 de noviembre de 1908.

 

Consideraba que en poco más de dos lustros se habían formado poderosas sociedades que en el otoño de 1908 encuadraban ya a unos treinta mil obreros, cotizando a dichas sociedades entre 25 y 35 céntimos. La Sociedad de Albañiles contaba con ocho mil trescientos afilados y había conseguido reunir un capital de cuatrocientas mil pesetas. Los cocheros asociados ascendían a tres mil doscientos, con unos fondos de ciento cuarenta mil pesetas. La sociedad a la que pertenecían los panaderos contaba con dos mil militantes, mientras que la de tipógrafos ascendía a mil trescientos. Estas serían las principales sociedades obreras en aquel Madrid.

García Cortés planteaba un cuadro estadístico donde demostraba por oficios la reducción de jornada laboral que se había conseguido. En ese momento muchos de esos oficios habían alcanzado ya las ocho horas de jornada con reducciones de entre una y tres horas. En otros casos, al menos se habían conseguido las nueve horas. Pensemos que los dependientes de carbonerías trabajaban trece horas y media al día y ahora habían alcanzado las nueve y tres cuartos. García Cortés consideraba que más de veinte mil trabajadores “han dulcificado la esclavitud del taller”. En materia de jornales todos habían aumentado entre 0’25 y una peseta. El proletariado madrileño habría mejorado su presupuesto y así los trabajadores y sus familias podían disfrutar de un aumento de su “escasa ración alimenticia, mejor instrucción, mejor vestido”. Nuestro autor aprovechaba, al calor de las cifras y de su análisis, para cargar contra los que defendían los movimientos revolucionarios, y las asonadas militares y de las barricadas. García Cortés también aludía al progreso del movimiento cooperativo, en la enseñanza y en la política, con avances en las elecciones municipales.

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