La UGT y los intelectuales en 1920

Historia

La cuestión de la relación entre el trabajado manual y el trabajador intelectual en el seno del movimiento obrero socialista español necesita un trabajo monográfico porque generó un intensísimo debate entre el siglo XIX y XX. ¿Eran los intelectuales trabajadores como los obreros y, por lo tanto, explotados y, en consecuencia, debían desarrollar la conciencia de clase con los trabajadores manuales en la lucha sindical y política?, ¿los intelectuales entendían la cuestión obrera o desarrollaban un cierto paternalismo a pesar de que pudieran desarrollar ideologías digamos “progresistas”?, ¿desconfiaban los trabajadores manuales de los intelectuales porque sus tareas no eran, en principio, tan duras como las que se desarrollaban en fábricas, talleres, campos o minas?, y así se podrían plantear muchas más preguntas. Es evidente que, al final, muchos intelectuales en España ingresaron en las filas socialistas y aportaron su saber y sus análisis.

 

Muy interesante es lo que nos ofrece el Congreso de la UGT celebrado en el verano de 1920, al respecto, porque acordó realizar una llamada a los intelectuales para desarrollar una tarea.

Para la UGT el ideal del proletariado era realizar la transformación del régimen social imperante que se basaba en el privilegio, en otro socialista, sustentado en la socialización de los medios de producción y de cambio, y haciendo obligatorio el trabajo a todas las personas que pudieran trabajar. Pero eso no era un obstáculo, sino todo lo contrario, un estímulo para trabajar con toda la fuerza de su organización para la reforma de la vida económica y social porque eso facilitaría la viabilidad de un nuevo régimen, primero y luego, su estabilidad.

La tendencia a derribar el régimen vigente e implantar otro de mayor equidad y justicia, que si bien habría que admitir que no sería perfecto absolutamente, pero sí sería el principio de una nueva Humanidad, debía ser evitar que se derramase estérilmente la sangre de la clase trabajadora, haciendo posible que la transición se realizase de la forma más humana posible, procurando que la responsabilidad de los choques violentos recayese sobre los que quisieran cerrar el camino hacia las nuevas ideas.

Toda esta obra debía ser realizada por los obreros, según el principio marxista de que la emancipación de los trabajadores había de ser obra de los trabajadores mismos, pero eso no debía interpretarse en el sentido de que el proletariado tenía como única misión histórica destruir la organización social, sino que también tendría la obligación de ir construyendo los elementos que sirviesen para la nueva sociedad. Socializar los medios de producción no significaba que no se cuidase del bienestar general e individual. Había que garantizar la eficiencia de la socialización, y eso dependía de una producción normal, científica y progresiva.

Y aquí aparecerían los intelectuales. Toda esta obra no podía ser exclusiva de los trabajadores manuales. Para dar un valor científico a la obra empírica era indispensable el concurso de los “obreros de la inteligencia”.

Por eso el Comité Nacional solicitaba la colaboración individual o colectiva de los trabajadores intelectuales que estuvieran conformes con los principios y la táctica de la UGT para preparar las reformas económicas y sociales inmediatas y los modos de administración del porvenir, es decir de la sociedad socialista futura. --Los intelectuales se convertían en una pieza más en el proceso de mejora de la sociedad y en la construcción del socialismo.

Hemos trabajado con el número del 3 de agosto de 1920.

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