¿Qué es la soberanía?

Historia

La soberanía es el poder supremo ilimitado que rige toda sociedad o comunidad política. Bodin, en el siglo XVI, definía la soberanía como la "suprema potestas", es decir, "el poder absoluto y perpetuo de una república".

 

La soberanía se manifestaría en la función de promulgar leyes, anular disposiciones y costumbres, declarar la guerra y negociar la paz. La soberanía sería inalienable e indivisible. Hobbes en el siguiente siglo, estimaba que la soberanía nacía del pacto entre los individuos para pasar al Estado, personificado en el soberano que legislaría, juzgaría, nombraría los funcionarios, recompensaría y castigaría. Hobbes tenía un concepto pesimista de la condición humana. El hombre era un lobo para el hombre y se necesitaría un Estado con poder coercitivo para evitar el supuesto desorden y caos.

En los Tratados sobre el gobierno civil (1690) de Locke la soberanía pasaba a coincidir con el poder del Parlamento. Los hombres pactaban en el estado de naturaleza, pero no para crear un Estado coercitivo sino para generar un Estado que garantizase los derechos naturales del hombre. Se caminaba hacia el Estado liberal.

Rousseau dio un giro mayor al establecer que la soberanía es la suma de las voluntades individuales. La soberanía pertenecía a la nación de donde emanaban los poderes. Así se recogería en las Constituciones liberales junto con el principio garantista de los derechos naturales. Pero la voluntad nacional se restringió en la versión más moderada o conservadora del liberalismo. La soberanía, aun siendo de la nación, sólo era ejercida por una minoría de ciudadanos a través del sufragio censitario. Además, se limitaron las condiciones para poder ser elegido. --Este liberalismo moderado terminó por elaborar la teoría de la soberanía compartida. Por un lado, estaría la nacional, es decir la que emanaría de la nación y, por otro lado, la real o histórica, que tendrían los monarcas, como garantes de la continuidad histórica del país.

El liberalismo democrático, el republicanismo y, posteriormente, el socialismo democrático batallaron por el sufragio universal y por una nueva definición de la soberanía, verdaderamente popular. Todo poder estatal debía derivar del pueblo y no de una selección del mismo en función de las rentas propias. De ese modo, en las democracias actuales la soberanía es popular y es la fuente de la legitimidad política.