La legislación social en el Congreso de Copenhague de la Segunda Internacional

Historia

En este apunte queremos recordar las propuestas que se aprobaron en el Congreso de Copenhague de 1910 de la Segunda Internacional en relación con la legislación social, o “laboral” como se denominaba en aquel momento.

 

Los socialistas consideraban que el grado de explotación de los trabajadores había llegado a tal punto que se hacía absolutamente necesario el establecimiento de una legislación que se calificaba de protectora de la vida y la salud de los trabajadores. En realidad, lo aprobado en Copenhague no era nuevo porque ya se propuso en el Congreso fundacional de la Segunda Internacional de 1889, insistiendo en que eran medidas en beneficio de los trabajadores de ambos sexos. Las reivindicaciones eran las siguientes:

-Jornada laboral máxima de ocho horas.

-Prohibición del trabajo a los menores de catorce años.

-Supresión del trabajo nocturno, salvo en los casos que lo exigiría el bienestar público o por cuestiones técnicas.

-Descanso no interrumpido de, al menos, 36 horas a la semana para todos los trabajadores. -Supresión del pago en especie.

-Garantía para el derecho de asociación.

-Establecimiento de la inspección del trabajo agrícola e industria, con intervención de los representantes de los trabajadores.

El Congreso consideraba que se había hecho poco en el mundo para la protección de los trabajadores, a pesar de reuniones, congresos y discusiones. Eso se achacaba a que las clases dominantes no querían ver dificultados sus intereses de clase. Y eso que dicha legislación laboral no dificultaba a la economía, sino todo lo contrario porque mejoraba la salud de los trabajadores y su fuerza productiva. Se recordaba que el Congreso de Ámsterdam de 1904 pidió que bajo la administración autónoma de los trabajadores se crearan instituciones en todos los países que garantizasen con medios suficientes la subsistencia, los medicamentos y todo tipo de socorro a enfermos, ancianos accidentados en el trabajo, inválidos, ayudas a las embarazadas, y atención a los niños y las viudas y huérfanos. Las leyes vigentes no cubrían estas necesidades. Pero no se podía conseguir que esto cambiase o mejorase si no se implicaban los trabajadores. Por eso, el Congreso instaba a los trabajadores a luchar por estas conquistas tanto en el terreno político como en el económico.

Hemos trabajado con el número del 16 de septiembre de 1910 de El Socialista.

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