De todos es sabido cómo la cuestión de las órdenes religiosas se convirtió en un asunto de intenso debate en la España de la segunda década del siglo XX. Recordemos, en este sentido, los intentos de Canalejas, fallidos, todo hay que decirlo, de limitar su número y poder, y recordemos en ese contexto la famosa Ley del Candado. En 1910 contamos con una visión sobre las órdenes religiosas de Benito Luna (1880-1937), un abogado malagueño, colaborador de las distintas publicaciones socialistas como La Lucha de Clases, Acción Socialista y Vida Socialista, además de ser concejal del Ayuntamiento de Campillos, de donde era natural, y diputado por Málaga-provincia en 1933, para ser fusilado en marzo de 1937.