Roberto Castrovido: el primero de mayo y la fundación de Roma en el fascismo (1923)

Historia

En el número de El Socialista del primero de mayo de 1923 el político republicano Roberto Castrovido reflexionaba sobre la festividad y sobre lo que había hecho el fascismo italiano al respecto.

 

Al parecer, los fascistas habían prohibido la Fiesta del Trabajo y la habían sustituido por la fiesta conmemorativa de la fundación de Roma. Y eso le hacía reflexionar. Se preguntaba en la columna periodística sobre qué significaban ambas conmemoraciones. Pues, el pasado y el porvenir, la “patria-ciudad” y el “mundo por patria”, o el imperialismo y la democracia, la guerra y la paz. Era la propiedad protegida por las leyes romanas y la socialización de la tierra y de los instrumentos de trabajo. El pontífice infalible y la razón falible y libre. El dogma inmutable y la libertad de conciencia. Roma sería la unidad, la ley, el haz, el imperio y el pontificado. Era en el presente, como antes de Cristo, la capital del mundo de las castas, hoy de las clases, de la esclavitud, hoy asalariados, de la autoridad por la gracia de Dios, de la guerra, del paganismo, de la inmoralidad y de la concupiscencia.

Mientras que el Primero de mayo venía a ser la variedad y la armonía, la manumisión de los esclavos, la igualdad. El Primero de mayo era la destrucción de la Roma conquistadora, de la Roma imperialista y de la Roma papal. El arte era lo único que le hacía respetar a Roma, capital de un mundo caduco, de una civilización agotada. Contra Roma fueron todos los oprimidos, las legiones proletarias del Primero de mayo.

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