Las ideologías de la época contemporánea, tanto el liberalismo como el socialismo, se construyeron sobre supuestos racionales; la democracia supondría el triunfo de todo este legado. La doctrina fascista rompió con la herencia racional y adoptó un acusado irracionalismo. Los fascistas desconfiaban de la razón y fomentaron el comportamiento irracional de las conductas, así como los sentimientos o manifestaciones intensas hasta la glorificación del fanatismo. Las ideas fascistas se construyeron sobre dogmas, sobre ideas indiscutibles, como pueden ser la superioridad del jefe o líder, del hombre sobre la mujer, el soldado sobre el civil, o la cuestión de las razas superiores e inferiores. Es el triunfo del tabú, de lo que hay que admitir sin discusión o análisis, del totalitarismo frente al debate libre.