Un alegato contra el utilitarismo en educación desde 1924
Encontramos un intenso texto de uno de los pedagogos socialistas españoles más destacados del pasado, aunque hoy poco conocido, Dionisio Correas contra el utilitarismo en educación, que tiene una frescura encomiable, a pesar de que fue publicado hace 101 años.
En primer lugar, Correas nos avisaba de que las respuestas de los alumnos sobre lo que era útil en la enseñanza provenía del ambiente materialista que predominaba en toda la vida social, y de las influencias de los padres.
Pero, en realidad, nuestro protagonista se preguntaba, ¿qué era útil en la enseñanza? Según la creencia general, todo aquello que sirviera para conseguir un mayor beneficio individual en el ejercicio de una profesión, mientras que lo inútil, por consiguiente, era lo que no servía a este objetivo. ¿Cuántas veces hemos escuchado esto en los medios, entre los padres de los alumnos, entre los alumnos y, desgraciadamente, entre muchos de nuestros compañeros de profesión? Así pues, por ejemplo, la enseñanza de principios éticos o de la Historia serían bastante inútiles.
La educación de los “sentimientos”, es decir, de los valores éticos, pero también estéticos y morales serían muy inútiles y deberían colocarse en un “plano de inferioridad con respeto” a otras materias.
Así pues, lo ideal sería convertir al alumno en un “animal” muy inteligente, muy hábil, muy fuerte, y destinado en ese momento a la producción industrial, o para la vida profesional, matizaríamos nosotros desde la actualidad.
Pero, la siguiente pregunta es, ¿basta esa orientación utilitaria de la educación y la enseñanza para asegurar a los individuos y a las sociedades un puesto seguro en la vida? Eso era un espejismo que Correas consideraba como desdichado. Si se excluía de la educación lo que se estimaba como “inútil”, lo que no producía satisfacciones económicas, como, por ejemplo, la moral, no podríamos quejarnos si luego en el desenvolvimiento social y de la vida aparecen cuestiones tan vivas en aquel tiempo y en el presente, como serían la deslealtad, la traición, el egoísmo, y la insensibilidad hacia el dolor o sufrimiento ajenos.
Correas se dirigía a los propios socialistas, a los trabajadores, o lo que hoy podríamos decir la izquierda. Esta izquierda no se podría quejar después de que las clases sociales más poderosas y “más cultas” asistían impasibles ante las injusticias y después se pretendía relegar a un segundo plano la enseñanza de los “sentimientos” porque no se veía una utilidad inmediata. Por nuestra parte, aprovechamos este magisterio desde el pasado para aplicarlo al presente. Una parte de la izquierda sigue pensando así, en que hay que enseñar lo que es útil, es decir, lo productivo frente a lo que se considera como “inútil”, como sería el complejo y amplio mundo de las humanidades.
Correas escribía al terminar la Gran Guerra y veía en ella un ejemplo del descuido de la enseñanza de lo “inútil”. Nosotros podemos aducir cómo está nuestro mundo para decir lo mismo. Así pues, junto con Correas abogamos por más educación profesional, pero junto a ella y sobre ella, la “educación integral para todos”.
Si alguien quiere consultar el texto original puede acudir al número del primero de mayo de El Socialista del año 1924.