Socialismo y civilización en Isidro Escandell

Historia

Regresamos en esta pieza al magisterio de Isidro Escandell por sus reflexiones que vinculaban en el primero de mayo de 1926, y en las páginas de El Socialista, el socialismo con la civilización. Se trata de un tema que siempre nos ha interesado y de ahí que compartamos esos pensamientos con los lectores de El Obrero.

 

El socialismo no sería solamente la transformación económica de la sociedad, sino un movimiento social, político, idealista, cultural y humanitario, superior al Renacimiento, a la Reforma y a la Revolución que renovaría la ciencia, la industria, el arte, la literatura, etc.. El socialismo crearía formas exquisitas de convivencia social, y sería creador de una cultura extensa y profunda. En fin, traería una nueva civilización, infinitamente mejor que la presente, más perfecta que cualquiera de las que habrían existido.

A pesar de tantos adelantos la civilización presente era muy imperfecta porque esos avances solamente eran disfrutados por una minoría, porque imperaba la desigualdad, la guerra, la miseria y la ignorancia. Los siglos de civilización cristiana no habían logrado que la especie humana saliese por completo de la barbarie. Aún había más bárbaros que civilizados. En todo caso, Escandell consideraba, frente a los más retrógrados, que la civilización presente con sus mil imperfecciones era superior a las anteriores en lo material, intelectual y moral. Valoraba, además, las civilizaciones anteriores por sus aportes pero, insistía, ninguna había conseguido los logros de la presente.

Pero el problema era, como ya había apuntado, que esos logros indudables solamente eran disfrutados por una minoría porque la mayoría vivía en la esclavitud, ignorancia y miseria. Y la causa, como no podía ser de otra manera en un socialista, era la existencia de la propiedad privada. Cuando la propiedad fuese colectiva y por el socialismo se restituyese las riquezas a la colectividad, nadie carecería de cultura y bienestar. Y en ese momento ya se podría afirmar que se vivía civilizadamente. La civilización perfecta o ideal, añorada por los hombres, vendría con el socialismo. En ese momento de igualdad económica todos los hombres y las mujeres, desparecidas las causas de la guerra y la miseria, y asegurado el bienestar material de todos, con la cultura al alcance de todos, la nueva civilización brillaría con esplendor, extendiéndose por todos los rincones del mundo.

Escandell creía que no era un sueño porque había millones de personas que amaban el socialismo y que aseguraban su próxima y completa realización.

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