La supuesta tiranía socialista
Hace unos años publicamos un trabajo sobre la supuesta tiranía obrera y la tiranía patronal a partir de un texto que salió en El Socialista en 1901, y que podemos consultar en la hemeroteca de este medio. Pues bien, volvemos sobre el tema y de la misma época, porque queremos saber la opinión de Mariano García Cortés, al respecto, en una columna que sacó en el número de El Socialista del primero de mayo de 1901.
García Cortés cargaba contra los que seguían marcando con el estigma de la tiranía al socialismo. Para los “supervivientes de la derrota del individualismo clásico”, todo lo que atentaba contra lo que consideraban la “santa libertad” era una especie de pecado nefando digno de todas las penas temporales y eternas y contra el que había que ponerse manos a la obra para combatirlo. Pero la libertad política, la libertad de trabajo y la libertad en todas las esferas de la vida social no eran más que ficciones del sistema capitalista para la inmensa mayoría de los ciudadanos. Se proclamaba una libertad cimentada sobre la dependencia económica, y eso era, para nuestro autor, un absurdo. Esa sería la libertad contra la que combatirían los socialistas, no contra la verdadera libertad, la que integraba al individuo en todos sus atributos de ser racional y social, con derechos y deberes correlativos y, por tanto, en condiciones de igualdad para pactar con sus semejantes en todos los órdenes de la vida. La libertad política era una pura ficción porque además de la dependencia económica, la práctica de los derechos del ciudadano tropezaba con el obstáculo de la incultura casi general y con la desvergüenza de los gobernantes de todos los colores, siempre tendentes a la arbitrariedad y el atropello, amparados por el caciquismo (García Cortés escribía en pleno sistema de la Restauración). Por causas idénticas también era una pura ficción la libertad de contratación del trabajo porque el factor capital estaba apoyado por los elementos del poder y el privilegio, y el segundo vivía sometido y domado por sus precarias condiciones de subsistencia.
En fin, la libertad si estaba desprovista de su base esencial, esto es, la igualdad, daba como resultado el antagonismo de intereses, la lucha de clases, la desarmonía, la exaltación de los egoísmos, etc.
Por eso contra esa libertad se levantaba la tiranía socialista para entronizar la verdadera libertad, basada en la igualdad. Gracias a ambas se llegaría a la fraternidad.