La feudalización en Cataluña

Historia

Al parecer, la vida social catalana entre los siglos IX y X fue tranquila. La nobleza no era muy numerosa y respetaba la ley, mientras que los campesinos, ciertamente pobres, eran libres en su gran mayoría. No parece que hubiera muchos conflictos. Curiosamente, el crecimiento económico que hemos visto anteriormente, terminó por generar enfrentamientos porque las desigualdades se ensancharon de una forma muy aguda.

 

La nobleza se enriqueció claramente en el avance económico. La aristocracia conoció el lujo inexistente hasta el momento comprando productos exóticos que le proporcionaba el mundo musulmán y el Oriente. Es interesante comprobar como en los testamentos aparecen productos que antes no se conocían y que tienen un claro origen musulmán, como mantas de seda, alfombras, vestidos de seda, etc. Hacia finales del siglo X también creció la riqueza en inmuebles, especialmente, entre los barones, como se puede comprobar en el caso del vizconde de Ager, Arnal Mir de Tost, y de su esposa, Arsendis. Tenían treinta y tres castillos, y una colección interminable de ropajes, adornos, joyas, muebles, colchones, vajillas y juegos.

Se podría considerar que estas riquezas podrían proceder de ataques o razzias en tierras musulmanas, pero, con excepciones, este no parece que fuera el origen de este aumento de poder económico. Los condes de Barcelona, a medida que se fue asentando el Condado decidieron que había que limitar los enfrentamientos con los musulmanes porque en los tiempos de las Taifas parecía más rentable la paz y el cobro de las parias, es decir, los tributos que pagaban los reyes de Taifas a los monarcas cristianos peninsulares para no ser atacados, comprando, por lo tanto, la paz, además de conseguir protección en caso de ataques de otros reyes cristianos o musulmanes. Supuso un claro trasvase de riquezas del mundo andalusí hacia el cristiano, con un consiguiente aumento numerario. Para los condes de Barcelona esto era más rentable, por lo que no emprendieron campañas importantes, además de ordenar a la nobleza catalana que no lanzasen tampoco expediciones de saqueo.

La alternativa que desarrollaron los nobles para enriquecerse fue canalizar su belicismo hacia el interior. En principio, se podía sacar beneficios de enfrentamientos con otros linajes nobiliarios por hacerse con sus propiedades y riquezas. El segundo método pasaba por el saqueo de propiedades y bienes de la Iglesia. En este sentido, se conoce el testimonio del abad de Banyoles, cerca de Girona, en el que explicaba hacia el año 1078, la calamitosa situación de su abadía por culpa de los barones y malhechores.

Este crecimiento de la violencia trajo como consecuencia primera un aumento de los soldados para proteger los castillos y los bienes inmuebles y muebles. Estos hombres de armas eran los milites o soldados, o los cavallarios, que eran los que servían a caballo. Muchos eran hijos de los campesinos de cierta condición social porque debían sufragar un caballo y las armas correspondientes. Ahí estaría el origen de la caballería catalana. Era hombres de acción, guerreros que se dedicaban a la rapiña y el saqueo, pero que consiguieron ennoblecerse porque reclamaron su elevación social dado su protagonismo y su creciente poder. Eso provocaría que la nobleza, hasta entonces, bastante limitada en lo cuantitativo, creciera de forma considerable. Y eso significó que un estamento improductivo como el nobiliario intentara aumentar también su nivel de vida. Eso comenzó a pesar sobre quienes sí producían, es decir, los no privilegiados, los campesinos.

La segunda consecuencia fue el desarrollo del feudalismo en su la parte alta de la jerarquía social, es decir, en relación con los homenajes y las concesiones de feudos. Ante el aumento de la violencia y de las guerras se multiplicaron las alianzas y las coaliciones entre los distintos linajes para protegerse o para unirse con el fin de ser más fuertes en los conflictos. Cataluña sería casi pionera en la aparición de los homenajes con un ritual bien establecido y reglado. Los vasallos se arrodillaban y ponían sus manos juntas entre las del señor. Esos vasallos debían prestar juramento de ayuda y fidelidad al señor sobre los Evangelios. Estas relaciones personales que pueden ser consideradas clientelares tuvieron un éxito evidente. La concesión de feudos sería la contrapartida de los señores. Algunos llegaban a representar un considerable conjunto de tierras con sus correspondientes rentas, pero otros serían más modestos y hasta hubo feudos que, en realidad, eran sueldos anuales.

En consecuencia, Cataluña pasó a ser casi un prototipo del feudalismo europeo. Sería, además, un feudalismo bien autóctono, no importado del mundo carolingio, fruto, como hemos visto, de la violencia que había surgido por el enriquecimiento que llegó con el siglo XI.

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