El problema de la vivienda en la Barcelona franquista

Historia

Barcelona comenzó a padecer un grave problema de vivienda ya en los años cincuenta.

 

Para solucionarlo se emprendió una política muy poco ordenada de construcción de viviendas baratas, muchas de ellas de protección oficial. La ciudad y su área metropolitana terminaría por absorber un verdadero aluvión de población inmigrante, principalmente de fuera de Cataluña, especialmente, cuando se inició del desarrollo económico. Pero la creación de vivienda protegida no significó que la ciudad se librara del fenómeno especulativo. En todo caso, el aumento de las viviendas se produjo en la periferia, con tres modelos distintos. Estarían los barrios de expansión suburbana, los barrios de urbanización marginal o de autoconstrucción (barraquismo) y los polígonos de vivienda masiva. Durante gran parte de la etapa franquista el desarrollo urbano no fue planificado, después de que la ciudad se había destacado en el pasado por la elaboración y cumplimiento, aunque fuera en parte, de planes urbanísticos muy elaborados y algunos muy destacables. Sí hubo, en realidad, un plan, el de Josep Soteras, conocido como el Plan Comarcal de 1953, que pretendía integrar la ciudad con los municipios colindantes, construir vivienda y evitar la especulación, pero no se llevó a cabo más que en algunos aspectos.

Había que construir de forma rápida y eso también tuvo otras repercusiones, porque se hizo con materiales de escasa calidad, que terminarían creando problemas con el tiempo, como el de la aluminosis, derivado del empleo del cemento aluminoso que fraguaba muy rápidamente, pero que, precisamente, por su alta concentración de alúmina provoca cambios químicos alternado sus propiedades, que determinan la pérdida de resistencia en la estructura. Este cemento fue muy común en los años sesenta. Algunos edificios de Barcelona terminarían siendo derribados para evitar graves accidentes.

Nacieron nuevos barros, como El Carmelo, Nou Barris, El Guinardó, el Valle de Habrón, La Sagrera, el Clot y el Pueblo Nuevo. El crecimiento masivo provocó un fenómeno genuinamente barcelonés que fue que la ciudad y las principales poblaciones cercanas terminaran confundiéndose en una trama urbana ininterrumpida. Así pasó con Santa Coloma de Gramanet, Badalona, San Adrián del Besós, Hospitalet de Llobregat y Espluga de Llobregat. En este sentido, el alcalde Porcioles habló de la “Gran Barcelona”.

El crecimiento urbano de Barcelona y su entorno terminó provocando otro fenómeno, el del vertiginoso aumento del tráfico. Hubo que mejorar la red viaria. Así pues, se abrió la Avenida Meridiana, y se construyó el primer cinturón de ronda, conocido como la Ronda del Medio, planificándose el segundo. Se construyeron muchos aparcamientos subterráneos, y se planteó un sistema radial de autopistas en 1962. Partían de Barcelona en distintos ejes, como los del Vallés, el Llobregat y el Maresme. En relación con el transporte urbano, Barcelona terminaría viendo desaparecer los tranvías al generalizarse los autobuses, además de ver ampliar su red de metro. En 1941 aparecieron los trolebuses, pero desaparecieron en 1968. El suministro del agua siempre había sido un problema en Barcelona. En esta época sería el río Ter quien aportaría el agua. También se introdujo el gas natural y se generalizó el empleo del gas butano. Hubo que emprender profundas reformas en las redes eléctricas y telefónicas.

La Zona Franca se desarrolló en los años sesenta como una zona industrial entre Montjuïc, el puerto y el río Llobregat. Su nombre deriva de un viejo proyecto muy anterior para crear una zona franca para el puerto de Barcelona, pero derivó en un polígono industrial, y que terminó por incluir a Mercabarna, el mercado central de alimentación de venta al mayor, y que se constituyó en 1967 para ampliarse en 1971 con la instalación del Mercado Central de Frutas y Hortalizas, proveniente del Mercado del Borne.

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