Luis Bello por Cruz Salido

Historia

Luis Bello (1875-1932) fue todo un personaje, entre la prensa y la pedagogía. A primeros de noviembre hará años que falleció, y por ese motivo queremos rendirle un modesto homenaje con unas líneas sobre su vida, pero, sobre todo, incluyendo la reseña biográfica que le dedicó Cruz Salido, fundamental periodista y socialista en tiempos de la República, en la hora de la muerte de nuestro protagonista, y que se publicó en El Obrero Gráfico en su número de diciembre de 1935.

 

Bello nació en Alba de Tormes. Como abogado que fue entró en el bufete de José Canalejas. En 1897 comenzó su vocación en la prensa al comenzar a publicar en el Heraldo de Madrid. En este importante diario escribía extractos de las sesiones del Congreso de los Diputados. Después estuvo en El Imparcial y fue redactor de España. Fue uno de los firmantes contra la concesión del Nobel a José Echagaray. Después, fundó La Crítica y marchó a París como corresponsal. En la capital francesa escribió El tributo a París. Regresó y volvió a trabajar para El Imparcial y dirigir El Lunes del Imparcial. También escribió para otros periódicos. Fundó la revista Europa y pasó a dirigir El Liberal en Bilbao. Al final, estuvo en El Sol. Allí aportó una de sus grandes contribuciones, su campaña en favor de la escuela y la educación. Luis Bello se convirtió en una especie de cruzado de la educación. Viajó por toda España para conocer la realidad de las escuelas y de los maestros y maestras de España. Luego publicaba los artículos, despertando mucha expectación y el aprecio de todos los que en el país estaban preocupados por la educación. Los artículos fueron recopilados en cuatro volúmenes. El destacado intelectual y socialista Luis Araquistáin pidió desde las páginas de El Sol en marzo de 1928 que Bello merecía un homenaje nacional. Se abrió una suscripción para que Bello tuviera una vivienda digna. Su carrera política se encaminó hacia el republicanismo. Fue miembro de Acción Republicana y consiguió un escaño en las Cortes Constituyentes de la Republica por Madrid. Estuvo en la redacción de la Constitución de 1931 y llegó a presidir la Comisión parlamentaria sobre la discusión del Estatuto de Autonomía de Cataluña. Pero mientras se ocupaba de sus obligaciones parlamentarias siguió vinculado a la prensa, dirigiendo el periódico Luz, sin dejar de colaborar en El Sol. La Revolución de octubre le llevó a la cárcel. Al salir fundó el semanario Política, que luego se hizo periódico y se vinculó a Izquierda Republicana. La muerte le sorprendió el 6 de noviembre de 1935.

“Luis Bello

Muchos periodistas vamos a trazar unas palabras sobre Luis Bello, que acaba de morir. Es lógico que así sea. Cuando vemos caer a uno que no solamente estaba delante denosotros, sino que también estaba por encima, es natural que nuestras plumas se detengan en ofrenda al que se fué, porque con él se nos muere a nosotros un ipoco esta ilusión de nuestro oficio, que queda siempre algo yerta cuando queda yerto uno de quienes me jor simbolizaron el periodismo. Muchos periodistas vamos a hablar de Bello. Cada cual usará su color y cada cual dará su emoción; pero la coincidencia unánime se producirá, al menos, al señalar una característica en este amigo que se nos ha muerto; la de su pobreza. Todos vamos a decir que Bello havivido pobre y ha muerto pobre. Al lector va a llegar, por cien versiones personales, esta impresión del periodista que hemos enterrado hoy. Sin embargo, el lector no va a conocer las proporciones de esta pobreza. Nos va aruborizar detenernos ante ella y ofrecerla al lector con toda fidelidad. Todos hablando dela pobreza de Bello y ninguno nos vamos a atrever a retratarla.

Tampoco yo. Me ha sido dado conocer una de las cartas íntimas que Bello escribiera a su hijo, quien cumple cadena en el penal de Santoña. Está allí en unas lineas sobrias, sinceras, como las que se trazan para un hijo, toda la tragedia de este hombre, que hamuerto teniendo en su cara el espanto de lo que al día siguiente de su muerte podría ocurrir a sus hijos. No; yo tampoco voy a decir la verdad sobre la pobreza de Bello. No es cosa de extraer ahora un vacío lirismo para colorear con frases literarias esa tragedia. No es cosa de describirla con esa justeza fría de quien habla de algo lejano e indiferente. Diré lo que todos vamos a decir. Diré que Bello, uno de los periodistas que ha dado más nobleza al periodismo del siglo presente; el que ha escrito, día a día, sin faltar uno, durante cuarenta años, las mejores crónicas, ha muerto pobre. Así, dicho de esta manera vaga, parece que se trata de uno de tantos tópicos quebrado invariablemente para iluminar, como un relámpago, la sepultura recién cerrada. No digamos la verdad. ¡Hay tanto espanto en esa verdad! Las gentes podían hacer el peor gesto ante la revelación: el de la sorpresa. Pero ¿es posible? Esta sorpresa, cuando se valora por lo que tiene no de ignorancia, sino de incomprensión, nos hace daño. Sí; ha muerto Luis Bello, un periodista pobre. Todos los periodistas somos pobres. Pero ¡duele tanto que Bello lo haya sido!

Se nos muere un poco esta ilusión por nuestro oficio ante el cadáver de Bello. Hemos elegido un oficio duro, abnegado y áspero. Y a sabíamos de antemano que es asi. Así lo hemos aceptado y no tendremos derecho a quejarnos. Cuando uno tiene, como el que esto escribe, menos de cuarenta años, todavía puede hablar del heroísmo periodístico incluso con petulancia. Hasta se alude a él con cierto orgullo, como si se sintiera el regodeo íntimo de profesar un martirologio con esa arrojada ostentación que proporciona el tener toda vía, aunque sólo sea para que, ya que no con otros méritos, se pueda comparecer ante el lector con cierta dignidad y se pueda merecer de él respeto, aunque no se logre admiración. Pero hace falta venir aquí, ver al mártir de verdad, auténtico, que ya está yerto por la muerte, pero que ha debido tener muchos años fríos, estos tristes años últimos, cuando ya las venas no están calientes ni la carne puede con el tormento, para que uno sienta derrumbarse su petulancia de periodista más o menos heroico, enamorado de la pobreza de su oficio y satisfecho de que le aguarde para toda la vida, de una manera inexorable,esta miseria que se nos ha clavado en la pluma y que la pluma nos ofrece todos los días para que no nos olvidemos de que somos periodistas. Hace falta, para sentir cómo agonizanuestra ilusión profesional, plantarse ante este cadáver recordar que hace un año estehombre estaba en la cárcel tan sólo por llamarse Luis Bello. Y saber que está preso un hijo suyo tan solo por ser hijo suyo. Y saber que ha ido desangrándose y muriéndose sin que durante un minuto le haya abandonado la tortura, la angustia asfixiante, de no poder comprar no una medicina para él, sino tal vez un alimento para sus hijos. Hace falta situarse junto a este ataúd para comprender bien que ahí han encerrado para siempre con Luis Bello, las cándidas ilusiones de un periodista que no tiene cuarenta años y al que le gusta su oficio porque con él se adquiere la triste garantía de ser pobre, que es quizá la única manera que los hombres tienen para ser buenos. Cruz Salido”

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