Las viviendas obreras en A Coruña a fines del XIX
El corresponsal de El Socialista en A Coruña remitió una larga columna al periódico, fechada en noviembre de 1892 donde realizó una serie de observaciones sobre la situación de la clase trabajadora. En el texto se incluyeron distintas consideraciones sobre la vivienda, que aportamos en la presente pieza, dentro de nuestra serie sobre esta cuestión en la España entre los siglos XIX y XX.
El autor del texto opinaba que para engañar una vez más a la clase proletaria unos cuantos filántropos burgueses, ayudados por el gobernador y el alcalde, habían proyectado construir una barriada de casas para obreros. El proyecto se estaba llevando a cabo, pues se estaban construyendo las casas, aunque exponía que más que viviendas parecían pocilgas. No era la falta de casa lo que empujaba al trabajador al movimiento socialista, ni los socialistas eran los que inducían a los obreros hacia el camino de la emancipación, sino la propia clase capitalista con su explotación desmedida la que contribuía a hacer más fácil la propaganda. Eso lo decía porque explicaba que las referidas casas eran un escarnio, con falta de higiene, y se intentaba aislar al obrero a fin de que no estorbase al burgués. Por eso se construían las casas en el sitio más malo de la ciudad, en el denominado Campo de Artillería.
El corresponsal explicaba que una vez terminadas las casas era imposible que viviese en las mismas una familia a menos que durmieran sus componentes unos encima de los otros porque eran excesivamente pequeñas. El que fuera a vivir a las mismas tendría que pagar una renta durante un cierto número de años (seguramente serían diez), al cabo de los cuales adquiriría la propiedad, pero si antes tenía que ausentarse por cualquier circunstancia, perdería todos los derechos que hubiera adquirido, y el que entrase nuevo debería empezar de nuevo a pagar, una manera harto ingeniosa para que el obrero nunca llegase a ser propietario. Pero, además, las casas se construían mediante acciones repartidas entre unos cuantos y éstos, como era natural, buscarían comerciar con las mismas.
Hemos trabajado con el número del 2 de diciembre de 1892 de El Socialista.
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