Antonio Ramos Oliveira y el socialismo francés hacia 1930
Sin lugar a dudas, Antonio Ramos Oliveira fue uno de los intelectuales socialistas que mejor conocían la Europa de entreguerras, especialmente la Alemania que vio llegar al poder a los nazis, pero también Francia y otros lugares. Sus artículos publicados en El Socialista son harto interesantes y merecerían un estudio monográfico. Nosotros acudimos a los mismos con cierta frecuencia. Hoy queremos saber cómo vio el socialismo francés hacia 1930 a raíz de su visita a Le Populaire en París.
Acompañado por Kurt Lenz, un periodista que escribía en varios diarios socialistas alemanes y suizos, visitó la Casa del Pueblo del Partido Socialista Francés, en cuya planta baja se encontraba la redacción de Le Populaire. Los socialistas franceses no sólo publicaban este diario, sino otros cuatro en provincias, y había muchas más publicaciones de signo socialista, pero consideraba que no todo eso no suficiente y no se correspondía con la fuerza parlamentaria del Partido. Le Populaire no se hallaba en situación de competir con la prensa burguesa. Le pasaba como a El Socialista, esto es, que la lectura del órgano central del Partido Socialista no trascendía del área reducida de los incondicionales. Por eso el socialismo francés, a pesar de tener más de cien diputados, no había podido desprenderse de muchos obstáculos que le obligaban a desenvolverse con la misma penuria de los “tiempos heroicos”.
La situación era muy distinta a la que se vivía en Alemania donde el Vorwaerts, el diario socialista, competía en plano de igualdad comercial con los periódicos de la burguesía. Los socialistas franceses tenían que batallar mucho para salir de esos “tiempos heroicos”. En todo caso, nos llama la atención esta afirmación que se correspondía con la realidad, dada la potencia del SPD, pero unos pocos años después este partido fue fulminado por los nazis mientras que la SFIO se fortalecía y era el eje de los gobiernos del Frente Popular, sin olvidar, en todo caso, los embates de la extrema derecha en 1934. Ramos Oliveira terminaba afirmando que París tenía sus monumentos y un “cutis fino bien cuidado”. Pero también tenía “llagas”. Era para la democracia un terreno difícil. Todavía se llamaba “boches” a los alemanes. El nacionalismo y el comunismo roían “la película de este gran fruto”, tan deseado por muchos y prohibido para los proletarios que mientras giraba el Moulin Rouge en Montmartre, ocultaban su vida de parias en viviendas miserables.
Hemos trabajado con el número del 9 de septiembre de 1930 de El Socialista.