La masonería y la conciliación entre jerarquía e igualdad

Historia

En principio, jerarquía e igualdad no casan bien, parecen contradictorias. ¿Cómo puede haber igualdad en una sociedad, asociación, grupo o institución donde la jerarquía es tan importante? La masonería ofrece un ejemplo de conciliación entre ambos conceptos y, en cierta medida, ofrece una posibilidad en las modernas democracias.

 

Como somos tan aficionados a los materiales históricos nos vamos al siglo XIX, a los Estatutos de la Masonería Escocesa, en el libro de Andrés Cassard, Manual de la Masonería o sea el Tejador de los ritos antiguos escocés, francés y de adopción, que se publicó en castellano en Barcelona por Jarré Hermanos, 1871. Por su parte, informamos que Carvallo fue presidente del Soberano Capítulo de Venezuela en su momento.

Existe un párrafo al respecto de lo que aquí nos interesa:

“¿No es prodigiosa una sociedad que, siendo toda ella geraquía, distinciones y privilegios en su apariencia, en sustancia solamente produce una igualdad de derechos y el anonadamiento de la tiranía? ¿una sociedad á cuyo trono asciende el último, del mismo modo que el primero de los ciudadanos y del cual el alegórico soberano baja con la misma joya que subió? ¿una sociedad sostenida tan solo con las consideraciones que se tienen á las luces, á la virtud y á la libre opinión de sus miembros?”

Así pues, las distinciones y privilegios pertenecerían al mundo de la apariencia externa en clara sintonía con la sustancia íntima de la masonería, que defendería la igualdad de derechos contraria a la tiranía porque no debería confundirse esta con el principio jerárquico. En la masonería se podría ascender, del mismo modo que se descendería en la jerarquía cuando se terminaban las responsabilidades para las que se era elegido. En masonería solamente se tenían consideraciones a las luces, a la virtud y a la “libre opinión” de sus miembros. Todo un ejercicio de democracia, de respeto, y de sabiduría en un mundo de ruido, de tentaciones autoritarias y de demagogias igualitaristas, tan perjudiciales ambas para el libre ejercicio de la democracia y de la genuina igualdad.

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